Entrar Via

La esposa de Blackwood romance Capítulo 17

—Gracias, Chloe.

Dejé la bandeja en la mesa baja. Me senté en el borde del sofá, lo más lejos posible de Sebastián, pero él se movió un centímetro hacia mí. Nuestros muslos quedaron a menos de un palmo. Podía sentir el calor que desprendía su pierna.

Elena tomó su taza y dio un sorbo pequeño.

—Está perfecto —dijo—. Justo como me gusta.

Lily levantó la vista del móvil.

—Oye, Chloe, ¿ya te ha enseñado Sebastián el rooftop? Es una pasada. Hay una mesa enorme y luces y todo. Ideal para… no sé… cenas románticas.

Sebastián la miró con una ceja levantada.

—No empieces.

—¿Qué? ¡Es verdad! —protestó ella—. Además, ahora que estás casado, tienes que aprovechar estas cosas. Antes solo subías a fumar cuando estabas de mal humor.

—Lily —advirtió Elena, pero sin verdadera severidad.

Yo sentí que me ardían las orejas otra vez.

Sebastián, para mi sorpresa, no se enfadó. Solo se recostó un poco más en el sofá, estiró el brazo por el respaldo y sus dedos quedaron a escasos centímetros de mi hombro. No me tocó. Pero podría haberlo hecho con solo mover la mano.

—No fumo desde hace meses —dijo, casi distraído—. Y el rooftop… ya lo conoce.

Lily puso los ojos en blanco.

—Qué romántico eres, primo.

Elena dejó la taza en la mesa con delicadeza.

—Chloe —dijo, mirándome directamente—. Quiero decirte algo.

Tragué saliva.

—Claro.

—Sé que todo esto ha sido… rápido. Muy rápido. Y sé que mi padre, puede ser un hombre muy insistente. Demasiado, a veces. Pero cuando me pidió que viniera hoy, no fue solo por curiosidad. Fue porque está preocupado por él. —Señaló con la barbilla a Sebastián—. Lleva años solo. Demasiados. Y aunque nunca lo diga, le pesa. Mucho.

Sebastián no se movió. Su expresión seguía siendo la misma: neutra, impenetrable. Pero noté que su dedo índice tamborileaba una sola vez contra el respaldo del sofá.

Elena continuó.

—Anoche, en la cena, lo vi sonreír. No mucho. Pero sonrió. Y hoy… hoy te veo a ti aquí, en su casa, con sus cosas mezcladas con las tuyas. Y pienso que tal vez mi padre tenía razón en algo: que a veces las cosas que empiezan mal pueden terminar bien.

Sentí un nudo en la garganta que no supe si era culpa, miedo o algo completamente distinto.

—No sé si… —empecé, pero no supe cómo terminar.

—No tienes que decir nada —me cortó ella con suavidad—. Solo quería que supieras que, por mi parte, estoy de su lado. Y que me alegra verte aquí. De verdad.

Lily se levantó de golpe.

—¡Bueno, basta de dramas! —dijo, rompiendo el momento—. Primo, ¿hablamos a solas? Quiero hablarte de algo.

Sebastián suspiró, pero se levantó.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa de Blackwood