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La esposa de Blackwood romance Capítulo 19

Me quedé quieta. Las palabras se me atascaron en la garganta. Preocupado. Él. El mismo que se encerraba detrás de una puerta cada vez que algo se ponía personal. El mismo que firmaba contratos matrimoniales como si fueran acuerdos comerciales. Estaba preocupado por mí.

Lo miré a los ojos y, por primera vez desde que lo conocía, vi algo crudo ahí dentro. No era solo enfado. Era miedo. Miedo real. Y eso me sorprendió tanto que sentí un calor extraño subiéndome por el pecho, como si alguien hubiera encendido una luz en un sitio que llevaba tiempo a oscuras.

Sebastián lo notó. Sus cejas se fruncieron ligeramente, como si pudiera leerme el pensamiento.

—¿Qué? —preguntó, más suave ahora—. ¿Por qué me miras así?

Sacudí la cabeza, intentando recomponerme.

—Nada. Es que… no me imaginaba que te preocuparas tanto. Por mí.

Él soltó el aire por la nariz, casi una risa amarga.

—¿Y qué esperabas? ¿Qué me diera igual que mi esposa desapareciera dos horas y media sin rastro?

—No lo sé —admití—. Pero no pensé que te preocuparas de verdad.

Se pasó una mano por el pelo, desordenándolo más.

—Pues me preocupé. Mucho. Y no me gustó nada la sensación.

El silencio cayó otra vez, pero esta vez no era pesado. Era… expectante.

Sebastián miró el reloj de pared y luego a mí.

—¿Almorzaste algo?

Me encogí de hombros.

—Solo bebí un café. No tenía hambre.

—Pues ahora vas a comer —dijo, con ese tono que no admitía réplica, pero sin agresividad—. Prepárate. Vamos a almorzar fuera.

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