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La esposa de Blackwood romance Capítulo 27

Cuando abrí los ojos, el mundo era un borrón de luces blancas y sombras grises. El pitido constante de un monitor me taladraba la cabeza, y un dolor punzante en la sien izquierda me hizo gemir bajito. La habitación olía a antiséptico y a sábanas limpias. Intenté moverme, pero el collarín rígido alrededor del cuello me lo impidió. El hombro izquierdo latía con un dolor sordo, y sentía la piel tirante en la sien, como si tuviera una venda allí.

Sebastián estaba sentado en la silla junto a la cama, inclinado hacia adelante, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas como si estuviera rezando. No dormía. Sus ojos grises estaban fijos en mí, abiertos de par en par, con una expresión que nunca le había visto: puro pánico contenido. La camisa arrugada, la corbata floja colgando como un nudo mal hecho, el pelo desordenado. Parecía que no había dormido en días.

—Chloe —murmuró, voz ronca y temblorosa. Se enderezó de golpe, como si mi movimiento lo hubiera electrocutado.

Intenté sonreír, pero salió torcido por el dolor.

—Hola —susurré.

Se levantó tan rápido que la silla chirrió contra el suelo. Se acercó a la cama, pero no me tocó. Solo se quedó allí, de pie, con las manos apretadas a los lados.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, bajito, casi con miedo.

—Me duele la cabeza —admití, cerrando los ojos un segundo para que el mundo dejara de girar—. Mucho.

No dijo nada. Solo apretó un botón rojo junto a la cama y luego tomó mi mano con cuidado, como si temiera romperla. Sus dedos estaban fríos, pero firmes.

La puerta se abrió casi de inmediato. Entró una enfermera con bata blanca, seguida de un médico de unos cincuenta años, con gafas y una carpeta en la mano.

—Señora Blackwood —dijo el médico, acercándose con pasos rápidos—. Soy el doctor Ramírez. ¿Cómo se siente?

—Le duele la cabeza —intervino Sebastián antes de que yo pudiera responder, voz tensa—. Mucho.

El médico asintió. Me examinó con cuidado: pupilas, reflejos, presión en el hombro. Me hizo preguntas simples: nombre, fecha, qué recordaba del accidente. Respondí lo mejor que pude, con la voz débil.

—Es normal —dijo al fin, cerrando la carpeta—. Es por la contusión. Nada grave, conmoción leve, puntos en la sien, contusión en el hombro. No hay hemorragia ni fracturas. Estará bien, pero necesita descanso absoluto. Dos semanas mínimo sin estrés, sin pantallas, sin esfuerzo físico. Le daremos analgésicos para el dolor. Si hay vómitos o confusión, vuelva inmediatamente.

Sebastián asintió una sola vez, como si estuviera grabando cada palabra.

—Puede irse a casa esta tarde si todo sigue estable —añadió el médico—. Pero vigilada. Reposo total.

Salieron. La puerta se cerró con un clic suave.

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