Entrar Via

La esposa de Blackwood romance Capítulo 51

Y eso era mucho más peligroso que el contrato en sí.

Porque si empezaba a creer que él también sentía algo, aunque fuera solo un poco, entonces la caída cuando todo terminara iba a ser mucho más dura.

Y yo no sabía si estaba preparada para eso.

Sebastián salió de la ducha con el pelo todavía húmedo y una camiseta gris que se le pegaba un poco al pecho por la humedad. No dijo nada al principio. Solo se quedó en el umbral de la habitación, mirándome en el sofá como si estuviera decidiendo si entrar o no al salón. Finalmente, se acercó.

—¿Qué te apetece comer? —preguntó, con esa voz que ya no era del todo seca, pero tampoco cálida. Solo… práctica.

Lo miré, sorprendida. Era la primera vez en mucho tiempo que me preguntaba qué quería yo, en lugar de decidir por los dos.

—No sé… cualquier cosa —respondí, encogiéndome de hombros—. Estoy cansada.

Él frunció el ceño ligeramente, como si mi respuesta le pareciera insuficiente.

—No me vengas con “cualquier cosa”. Dime algo concreto. Sushi, pizza, comida china, italiana… elige.

Hice una mueca involuntaria.

—Cualquier cosa menos sushi. Lo detesto.

Sebastián soltó una risa corta, casi inaudible.

—Bien. Nada de sushi entonces.

Sacó el móvil del bolsillo del pantalón de pijama y abrió una app de delivery. Tecleó rápido, sin consultarme más. Un par de minutos después, lo oí confirmar el pedido.

—Comida china —dijo al guardar el teléfono—. Arroz tres delicias, pollo kung pao, rollitos primavera y wonton horneado. ¿Te parece?

Asentí. No tenía energía para discutir. Y la verdad es que sonaba bien.

La comida llegó en menos de media hora. Sebastián pagó en la puerta, trajo las bolsas a la mesa del comedor y sacó los envases de cartón con esa eficiencia que ponía en todo. Puso platos, cubiertos, servilletas. Hasta sirvió dos vasos de agua con hielo. Era como si, por una noche, hubiera decidido no ser el jefe distante.

Nos sentamos uno frente al otro. Al principio comimos en silencio, solo el sonido de los palillos y el crujido de los rollitos. Pero luego, sorprendentemente, él empezó a hablar.

—Hoy el cliente de Dubai mandó un correo a las siete de la tarde. Quieren adelantar la reunión al jueves por la mañana. Tuve que reprogramar tres cosas y casi me da un infarto cuando vi que el contrato preliminar tenía un error en la cláusula de penalización.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa de Blackwood