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La esposa de Blackwood romance Capítulo 67

Se movía con esa naturalidad que tenía cuando estaba cómodo, abrió el armario, sacó una sartén, puso fuego bajo, sacó huevos de la nevera, mantequilla, un poco de queso rallado. Todo sin preguntar qué quería. Como si ya supiera.

Me senté en uno de los taburetes altos de la isla de la cocina, apoyando los codos en la encimera de mármol frío. Lo observé romper los huevos en un bol, batirlos con un tenedor, añadir una pizca de sal y pimienta. Nada de prisas. Nada de espectáculo. Solo el gesto de alguien que prepara el desayuno para dos porque es lo que toca.

—¿Siempre has cocinado así? —pregunté, casi sin darme cuenta.

Él levantó la vista un segundo, con media sonrisa.

—Cuando vivía solo, sí. Después… se me olvidó. Pero últimamente me apetece más.

Vertió la mezcla en la sartén caliente. El siseo suave llenó el silencio cómodo.

Mientras removía los huevos con una espátula de madera, dijo, como si comentara el tiempo

—Ah, por cierto. Tu curso de ilustración digital empieza mañana.

Parpadeé. La frase cayó tan normal, tan casual, que tardé un segundo en procesarla.

—¿Mi… qué?

Se encogió de hombros sin dejar de remover. El movimiento fue tan indiferente que casi parecía aburrido.

—El curso de ilustración digital que pediste. Está en el contrato.

Me quedé mirándolo fijamente. Había olvidado esa petición.

—¿Lo recuerdas? —preguntó él, todavía de espaldas, sirviendo los huevos en dos platos.

—Si —admití, sintiendo que me subía el calor a las mejillas—. Pero no creí que fueras a cumplirlo de verdad.

Él giró la cabeza solo lo suficiente para mirarme de reojo.

—Cumplo lo que firmo. Siempre.

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