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La esposa de Blackwood romance Capítulo 79

Me incorporé un poco y dejé que la seda cayera hasta la cintura, luego me lo quité por completo, quedándome solo en bragas y el sujetador que ya estaba desabrochado. Él me miró como si fuera la primera vez, los ojos recorriendo cada centímetro: los pechos, la curva de la cintura, las caderas, las piernas.

—Joder, Chloe… —susurró—. Eres perfecta.

Se acercó despacio, besándome el cuello, bajando por el pecho. Tomó un pezón en la boca, suave al principio, luego succionando con más fuerza, lengua girando. Gemí, arqueándome hacia él. Su mano bajó por mi vientre, se coló bajo las bragas y rozó mi clítoris con el pulgar, lento, circular.

—Dime si quieres que pare —susurró contra mi piel.

—No pares —respondí, jadeando—. Solo… no entres todavía.

Él asintió, besándome el estómago, bajando más. Me quitó las bragas con cuidado, las dejó caer al suelo. Se colocó entre mis piernas, hombros anchos abriéndome, y me miró desde abajo.

—¿Puedo probarte? —preguntó, voz ronca.

Asentí, incapaz de hablar.

Bajó la boca y lamió despacio, lengua plana desde la entrada hasta el clítoris, luego círculos suaves alrededor. Gemí fuerte, las manos en su pelo. Él succionó, lamió, metió un dedo despacio, curvándolo dentro, buscando ese punto que me hizo arquear la espalda.

—Sebastián… —jadeé.

Él levantó la vista, ojos oscuros y brillantes.

—Dime qué te gusta.

—Así… justo así…

Siguió, dedo moviéndose lento, lengua implacable, hasta que el orgasmo me atravesó como una ola suave pero intensa. Temblé, gemí su nombre, tiré de su pelo. Él no paró hasta que las contracciones cesaron.

Subió despacio, besándome el vientre, los pechos, la boca. Sabía a mí.

—Eres deliciosa —susurró.

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