A Virginia se le partía el corazón. Con esa actitud de Jazmín Torres, tan serena y dispuesta a dejar que las cosas fluyeran, merecía que Adrián Rojas la consintiera toda la vida.
En cambio, Selena Torres, con ese temperamento indiferente, probablemente nunca entendería lo que significaba ser dulce y tierna.
—Jaz, no seas tan pasiva. Los buenos hombres no andan por ahí disponibles; si no luchas por lo que quieres, podrías dejar pasar tus mejores años —le dijo Virginia, defendiéndola.
Jazmín cerró la maleta, se enderezó y se sacudió las manos. Con un tono suave, respondió:
—Lo que está destinado a ser tuyo, nadie te lo puede quitar. Y si no lo es, ¿de qué sirve pelear?
—Vaya, qué madurez. Si yo fuera hombre, te aseguro que no te escaparías de mí —declaró Virginia, en ese momento, viendo a Jazmín como a una diosa.
Jazmín bajó la cabeza y sonrió.
Con excepción del Laboratorio SemillaViva, que continuaba con sus experimentos en el hospital militar, el resto de los institutos de investigación ya se habían marchado. El lugar, antes bullicioso, se sumió de pronto en un profundo silencio.
...
Selena le pidió medio día libre a Fabián Castañeda; extrañaba demasiado a su hijo. Aunque hablaba a menudo con su tía por videollamada y veía la carita adorable de su pequeño, la pantalla no era suficiente para calmar la angustia de su ausencia. Fabián le concedió el permiso.
Selena condujo hasta el colegio de su hijo, llevando consigo un juguete y una bolsa con las golosinas favoritas del niño. No le había avisado a su tía; quería darles una sorpresa a ella y a Fer.
Estacionó su carro en el aparcamiento exterior del colegio. De repente, un Bentley plateado se acercó y se detuvo en la entrada. La mirada de Selena se endureció al ver a Adrián y a Jazmín bajar del carro, conversando animadamente. La sonrisa de Jazmín era radiante.
Aunque todavía no era la hora de salida, la puerta del colegio se abrió y ambos entraron.
Selena, alarmada, bajó de inmediato del carro y llamó a su tía.
—Selena —dijo la voz de Patricia Álvarez al otro lado de la línea—, el señor Rojas avisó que esta noche llevará a Fer a cenar fuera. Dijo que pasaría a recogerlo.
—Lo siento, mi amor, el trabajo de mamá ha sido muy demandante —se disculpó Selena, explicándole con suavidad—. En cuanto termine con esto, te prometo que estaré contigo todos los días.
—Está bien. Promesa de deditos —respondió Fer, mostrando lo mucho que había madurado.
Selena, pensando que los otros dos no tardarían en llegar, dijo apresuradamente:
—Vamos, cariño, mamá te lleva a casa.
—Oiga, señora Torres… ¿No iba a venir el papá a recogerlo? —preguntó la maestra, acercándose.
—Cuando llegue, dígale que yo me llevé al niño —explicó Selena.
Dicho esto, se dirigió hacia otro ascensor. Justo cuando las puertas se cerraban, Adrián y Jazmín llegaron al pasillo.

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