—Señor Rojas —se apresuró a decir la maestra—, la mamá de Fer acaba de llevárselo. Debería contactarla.
Adrián la miró, ligeramente sorprendido. ¿No se suponía que ella estaba en el laboratorio militar?
Jazmín también pareció extrañada y comentó con amabilidad:
—Quizás mi prima pidió permiso para salir. La salud del señor vicepresidente ha mejorado, y seguro extrañaba mucho al niño.
—Bien, entiendo —dijo Adrián con voz neutra.
Selena llegó a casa con su hijo. Patricia estaba platicando con el personal de servicio, pero al verlos llegar, todos se acercaron a recibirlos.
—Selena, ¿cómo es que estás aquí? —preguntó Patricia con una enorme sonrisa.
—Pedí medio día libre para cenar con Fer —respondió Selena, sonriendo también.
—¡Entonces esta noche prepararemos algo especial! —le dijo Patricia al ama de llaves.
La mujer se fue a la cocina, radiante de felicidad, pero regresó un momento después.
—Señora, ¿el señor también vendrá a cenar?
—No creo que vuelva. No cuenten con él —dijo Selena con indiferencia.
Apenas terminó de hablar, el Bentley plateado se estacionó en la cochera del patio.
El ama de llaves se quedó sin palabras.
Selena frunció el ceño.
—Pues parece que sí regresó —comentó Patricia con una risita.
Adrián bajó del carro y entró a la sala con pasos largos. Saludó a Patricia cortésmente:
—Tía, muchas gracias por cuidar de Fer estos días. Ha sido de gran ayuda.
Patricia, algo halagada, sonrió y respondió:
Adrián, con un gesto natural, tomó otra alita y la colocó en el plato de Selena. Al instante, ella la tomó con sus cubiertos y la pasó al plato de su hijo.
—A mamá no le gusta esto.
El ambiente en la mesa se tensó de golpe, y el rostro de Adrián se ensombreció. Hasta Patricia pudo sentir la frialdad que los envolvía. Se sorprendió en silencio; la relación de la pareja parecía congelada. No había ni la más mínima interacción, eran más distantes que dos extraños. ¿Sería posible que de verdad fueran a divorciarse?
Adrián la miró fijamente durante varios segundos. «Dos meses conviviendo día y noche con Gonzalo Velázquez y su actitud hacia mí es cada vez más gélida», pensó. La indiferencia de una mujer siempre se debe a la presencia de otro hombre.
De repente, Adrián perdió por completo el apetito, invadido por la ira. Durante esos dos meses, le había encargado explícitamente a Yago Arias que la cuidara bien. Resultaba que toda su consideración y preocupación no significaban nada para ella.
...
Selena subió a ducharse, planeando cambiarse de ropa para volver al hospital. Acababa de salir del baño, secándose el cabello húmedo con una toalla, cuando vio una figura alta apoyada en la pared contigua, con los brazos cruzados. Parecía estar esperándola a propósito.
Selena pasó a su lado, intentando entrar al vestidor. Una mano cálida y grande la detuvo, sujetándola por la muñeca.
—Selena, ¿hablas en serio sobre el divorcio?

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