Entrar Via

La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 104

Al ver esa escena, Selena sintió un gran alivio.

—Señorita Ramos, acérquese —dijo el señor Arias con voz amable al ver a la brillante joven.

Selena se acercó de inmediato.

—Señor, qué alegría que ya pueda levantarse y caminar.

El señor Arias se dirigió a Yago.

—Yago, dale a la señorita Ramos el regalo que preparé en agradecimiento por su ayuda.

Yago le entregó una caja a Selena.

—Es un detalle de parte de mis padres. Por favor, no lo rechace.

—No, de ninguna manera. Es mi deber, no necesitan darme ningún regalo —respondió Selena, alarmada. Aceptar regalos iba en contra de su ética profesional.

Yago sabía que era una mujer de principios firmes, pero insistió con sinceridad:

—Selena, es solo un pequeño gesto de nuestra familia, nada costoso. Por favor, acéptalo.

Selena lo miró a los ojos, notando su sinceridad, y parpadeó.

El señor Arias intervino con una sonrisa.

—Señorita Ramos, es un detalle de mi parte. Además, Yago me contó que la otra vez lo ayudó a seleccionar unas hierbas medicinales. No se niegue.

Preocupado de que Selena aún se negara, Yago abrió la caja. Dentro había una pluma estilográfica negra.

—Es una pluma diseñada y fabricada por mi padre. Lleva su nombre grabado. Un simple gesto de agradecimiento —explicó en voz baja.

Al ver que se trataba de una pluma, Selena sonrió.

—Muchas gracias. Entonces la acepto.

Yago respiró aliviado.

Después de una enfermedad tan grave y meses de encierro, el señor Arias, ahora que podía moverse, se sentía animado y con ganas de platicar.

—Señorita Ramos —le preguntó con una sonrisa—, si no es indiscreción, ¿tiene pareja?

Yago, adivinando la intención de su padre, se sobresaltó y se adelantó a responder:

—Papá, Selena es la esposa de Adrián.

El señor Arias se sorprendió.

—Papá, ¿perdiste la memoria? —preguntó Yago, alarmado.

—Me refiero a que ya estás grande y sigues soltero. ¿No te da vergüenza? —replicó su padre con fastidio.

Yago, incómodo, forzó una sonrisa.

—Papá, el amor es cuestión de destino.

Pero el rostro de su padre se ensombreció.

—Afortunadamente, esta vez me recuperé. De lo contrario, me temo que no habría llegado a verte casar, y mucho menos a cargar a mi nieto.

El semblante de Yago palideció.

—Papá, lo haré lo antes posible, no te preocupes —dijo, y un destello de decisión cruzó por sus ojos.

—Entonces dame una fecha —insistió su padre con seriedad.

Yago se quedó pensativo un momento y luego calculó:

—Más o menos... un año. Máximo, dos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Esposa Invisible que Dejaste Ir