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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 154

Una opresión se instaló en el pecho de Selena. Desde que regresó y supo que la relación entre él y Jazmín se había estrechado aún más, había evitado el tema a propósito. Ahora que Adrián lo sacaba a relucir, su respuesta fue cortante.

—No, para nada. Estás imaginando cosas.

—Con esa mente tan cerrada, ¿cómo pretendes cumplir tu papel como la señora Rojas? —Su negativa solo reforzó la convicción de Adrián: estaba celosa.

El rostro de Selena se endureció, y una sonrisa burlona asomó en sus labios.

—Como esposo, eres tú quien no cumple con sus responsabilidades y, encima, te atreves a juzgar a los demás. Adrián, tu calidad moral deja mucho que desear.

La cara de Adrián se crispó. Era la primera vez que la oía responderle de esa manera. Antes, Selena era tan insípida como el agua; incluso cuando se enojaba, nunca usaba palabras hirientes. Simplemente huía, se escondía.

—Si hay algo que quieres que haga, puedes decírmelo —exigió él, frunciendo el ceño.

La burla en la voz de Selena se hizo más evidente.

—Si necesito enseñarte cómo comportarte, ¿cuál es la diferencia entre tú y un inútil?

—Selena… —Adrián estaba a punto de estallar.

Ella respiró hondo.

—Considera mi propuesta. Si no puedes soportar una relación así, también podemos divorciarnos.

—Selena, si quieres seguir siendo mi esposa, deja de hablar con sarcasmo. —La paciencia de Adrián tenía un límite.

—Cuando lo hayas pensado bien, firmamos un acuerdo —dijo ella, y se dispuso a levantarse.

De repente, una mano la sujetó. Selena, ya debilitada, no pudo resistir el tirón. Cayó hacia atrás, sentada sobre las firmes piernas de Adrián.

Instintivamente, levantó la mano para darle una bofetada. Pero él, anticipando su movimiento, le sujetó la muñeca, atrayéndola aún más hacia su pecho.

¡Pum!

El Maybach, que avanzaba a paso lento, se estrelló contra una jardinera, provocando un ruido sordo. El inesperado accidente interrumpió la "intimidad" de la pareja en la terraza.

Selena, furiosa, empujó a Adrián y corrió hacia el lugar del choque. Leandro, también molesto, bajó del carro para inspeccionar el daño. El frente estaba abollado y varias macetas con orquídeas carísimas yacían destrozadas en el suelo.

Adrián también se acercó.

—Adrián, Selena, lo siento mucho —se disculpó Leandro de inmediato—. Estaba en una llamada y me distraje. Prometo que mañana mismo les envío unas orquídeas nuevas. De verdad, qué pena.

Los ojos oscuros y profundos de Adrián brillaron con malicia. ¿Realmente fue una distracción por una llamada? ¿O acaso vio algo que no debía y eso le hizo perder el control?

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