Era una mujer mayor.
—Selena, ¿por qué te metes con Jazmín? Ahora que te divorciaste, ¿vas a desquitar tu coraje con ella? —La abuela Torres acababa de cenar con unas amigas cuando vio a Selena. Al recordar que su nieta favorita había llegado a casa devastada y se había encerrado en su cuarto toda la tarde, dio por hecho que Selena la había maltratado.
Selena miró a la anciana y, con frialdad, le apartó el brazo.
—Lo que le pase a ella no es asunto mío.
—¿Cómo que no es asunto tuyo? Seguro tú metiste cizaña para lastimarla —insistió la abuela Torres, dispuesta a defender a su nieta menor.
Leandro, al ver que la anciana intentaba empujar de nuevo a Selena, se interpuso con una zancada y, protegiéndola, le dijo con voz gélida:
—Señora Torres, ¿no? Me parece que ya no le funciona bien la cabeza, o se le está olvidando todo. Es obvio que Jazmín ha sido la que siempre ha estado saboteando el matrimonio de Selena, y usted, en lugar de verlo, viene aquí a culparla. ¿Por qué no revisa su árbol genealógico? A lo mejor ahí está el problema, y por eso tiene una nieta a la que le encanta ser la tercera en discordia.
—¿Y tú quién eres? —Aunque la abuela Torres había ganado cierto estatus social después de que la familia Torres se enriqueciera, el aura de poder que emanaba Leandro la intimidó. Sabía que no podía permitirse ofender a un hombre así, por lo que retrocedió un par de pasos y fulminó a Selena con la mirada—. Si algo le pasa a Jazmín, ya verás cómo te las arreglo.
Selena frunció el ceño, tomó a su hijo en brazos y regresó a la mesa.
Leandro la observó con el corazón encogido. La familia Torres era realmente abusiva.
Selena se sentó y, después de consolar a su hijo con unas palabras dulces, le dijo a Leandro:
—Perdón, qué pena que hayas tenido que ver eso.
—Selena, es que eres demasiado buena. Por eso se atreven a hablarte así —dijo Leandro, entre dolido y molesto.
Selena bajó la mirada.
—Lo sé. No volverá a pasar.
—Lo de tu divorcio, ¿por qué fue una decisión tan repentina? ¿Ya no lo amas, verdad? —le preguntó Leandro en voz baja.
Selena apretó los labios y guardó silencio. Después de un largo rato, respondió:
—Leandro, lo nuestro ya es pasado. De ahora en adelante, solo quiero vivir tranquila con Fer.
—Entiendo. ¿Y cuándo piensas mudarte de esa casa? ¿Ya viste alguna que te guste? —preguntó Leandro, interesado.

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