Úrsula no pareció entender lo que su hijo murmuraba y frunció el ceño con severidad.
—¿De verdad no hay forma de negociar la repartición de bienes? Le diste demasiado, ¿no te preocupa que agarre todo ese dinero y se vaya corriendo a los brazos de otro hombre? El día que eso pase, vas a estar llorando.
El rostro de Adrián se tensó. Un segundo después, apretó los labios y subió las escaleras.
Úrsula observó a su hijo mayor con esa expresión indiferente y sintió una opresión en el pecho.
La abuela bajó del segundo piso. Al escuchar la discusión, preguntó con curiosidad:
—¿Qué pasa? ¿Por qué regañas a Adrián sin motivo?
Úrsula se quedó callada de inmediato. La salud de la abuela era delicada y nadie en la casa podía alterarla.
Adrián, que acababa de llegar al segundo piso, convenció a la abuela con palabras suaves para que volviera a su habitación a descansar.
Entró a su recámara y vio esparcidos por el cuarto el caballito de juguete y otros pequeños tesoros de su hijo.
Se dio la vuelta, tomó una botella de licor del minibar, la abrió, añadió hielo a un vaso y se sirvió. Con el vaso en la mano, salió al balcón.
En ese momento, sintió la soledad que llega después del bullicio.
Su hogar se había roto.
Adrián se dejó caer en el sillón y, frente a la luna brillante, bebió a solas.
El licor frío le estimuló el cerebro, y los recuerdos se volvieron más nítidos.
La timidez de Selena como esposa primeriza, su ternura como madre novata. En aquel entonces, él siempre se impacientaba, nunca le gustaba escucharla terminar una frase, siempre creía que era demasiado calculadora y poco sincera.
Ahora, al recordar todo eso y analizarlo con calma, se daba cuenta de que ella, en realidad, había sido muy honesta.
Le había mostrado, sin reservas, su lado más cálido y vulnerable.
Y sus palabras, frías y crueles, habían sido como cuchillos afilados clavándose en su tierno corazón.
El corazón de Adrián empezó a latir más rápido, una sensación extraña le oprimía el pecho.
En silencio, abrió su celular y buscó videos de consejos de amor.
Escribió en el buscador: «¿Cómo puedo recuperar el corazón de mi exesposa?».
Las respuestas eran de lo más variadas. Adrián, que ese día no había tenido paciencia ni para leer documentos, ahora leía los consejos sentimentales con gran interés, como si estuviera absorbiendo un conocimiento vital.
Una frase le heló la sangre: «Una pareja puede estar junta toda la vida, o no volver a verse jamás. Donde hay odio, hay amor, pero ¿qué pasa si ya ni siquiera hay odio?».
Adrián recordó el comportamiento de Selena últimamente. Se había desvinculado por completo de la relación. Solo se enfocaba en sus propias cosas y, para ella, él ya era como el aire.
Sin darse por vencido, siguió leyendo, y otras frases célebres capturaron su atención.
«El amor es como las hojas de un árbol: a veces se ponen amarillas, otras veces están verdes, pero lo que no pueden estar es sucias».
«¿Sucias?». Adrián frunció el ceño. Recordó que un par de veces había intentado acercarse a Selena físicamente y ella lo había llamado "sucio".

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