Fabián, que estaba sumido en su tristeza, se sobresaltó al escuchar las palabras de su hijo.
Leandro continuó, con voz firme:
—No sé qué es, pero cuando la veo, siento una conexión especial, como si la conociera desde hace mucho tiempo, como si fuera alguien muy familiar para mí.
Fabián adoptó un tono serio.
—Leandro, aunque seas mi hijo, si te aprovechas de que Selena está divorciada y es guapa para jugar con ella…
—Papá, ¿acaso crees que soy esa clase de persona? —preguntó Leandro, con una expresión de ofensa—. No tengo ninguna intención de jugar con ella. Durante este tiempo que he pasado a su lado, he descubierto que es una mujer excepcional, humilde, bondadosa y trabajadora. El resto de mi vida quiero pasarlo con una mujer así. Lo digo en serio.
Fabián se quedó pensativo por un buen rato y, al final, decidió creerle a su hijo.
Le dio una palmada en el brazo.
—Entonces, piénsalo bien. Selena tiene un hijo. Si no estás completamente decidido a aceptarla con todo y niño, es mejor que no intentes nada con ella. De lo contrario, no te lo perdonaré.
Leandro dijo en voz baja:
—Papá, siendo realistas, Fer es hijo de Adrián. De niño estará con Selena, pero cuando crezca, quién sabe con quién se irá. A lo mejor hasta regresa con la familia Rojas a hacerse cargo del negocio. Claro que, incluso si Fer se queda con nosotros, tengo la capacidad de criarlo para que sea un hombre de bien.
—Vaya contigo… —Fabián miró a su hijo con nuevos ojos.
Leandro, al ver que su padre no se oponía, preguntó en voz baja:
—Papá, ¿eso significa que estás de acuerdo?
Fabián lo miró de reojo y respondió de mal humor:
—¿De qué sirve que yo esté de acuerdo? La que tiene que estar de acuerdo es Selena.
—Papá, no te apresures a decírselo. Acaba de divorciarse y seguro no está de buen humor. Además, ese matrimonio fallido le ha dejado muchas cicatrices. Necesitará al menos un año o año y medio para estar lista para una nueva relación. He decidido que, durante este tiempo, estaré a su lado, pero en cuanto a mis sentimientos… por ahora no diré nada —Leandro ya tenía un plan.
Fabián asintió.
—El hecho de que pienses en la situación desde el punto de vista de Selena demuestra que eres una persona considerada y atenta. Está bien, arréglenselas entre ustedes, jóvenes. Si necesitan mi ayuda en algo, cuenten conmigo.
Leandro sonrió al instante.
—Papá, entonces voy a necesitar que de ahora en adelante nos crees oportunidades a Selena y a mí.
Fabián asintió con complicidad.
—No te preocupes. Eres mi hijo, y a Selena ya la considero como una media hija. Si pudiera ser mi nuera, me haría muy feliz. Haré todo lo posible por unirlos.
—¡Gracias, papá! —dijo Leandro, sintiendo el apoyo de su padre.
***
Eran cerca de las diez de la noche cuando Selena llegó a la residencia.
Esta casa, en la que había vivido durante cuatro años, ahora le provocaba un sentimiento diferente.
Ya que se habían divorciado, no tenía sentido seguir viviendo ahí.
Miró por el retrovisor al niño dormido en el asiento trasero y sintió una punzada de dolor.
No sabía si su hijo se adaptaría a un nuevo entorno.

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