¿Por qué le regaló una pulsera a Leandro?
Leandro, un hombre adulto, un magnate con una fortuna de miles de millones, ¿cómo podría interesarse en una pulsera de madera de unas cuantas decenas de pesos?
Al final, todo se reducía a ese juego de coqueteo entre adultos, ¿no?
Él dijo que le gustaba, y ella se la regaló.
Hoy era una simple y barata pulsera; mañana podría ser una corbata, un cinturón… un traje.
Adrián se llenó de resentimiento. Seguramente Selena ya se había dado cuenta de que los sentimientos de Leandro por ella iban más allá de una simple amistad.
O quizás, simplemente disfrutaba de esa relación ambigua.
¿Quién no querría tener un montón de admiradores?
***
Cuando Selena salió del baño, vestida con un camisón de color lila pálido, vio que Adrián seguía sentado en su habitación.
—Que Fer duerma conmigo. Ya puedes irte —le dijo.
Adrián se levantó y observó a la mujer recién bañada.
Una ligera fragancia de jazmín parecía flotar en el aire, o tal vez era el dulce aroma que emanaba de ella.
Llevaba el pelo suelto, su piel era blanca como la porcelana y delicada, y en su rostro ovalado y refinado, sus facciones eran luminosas y hermosas.
—Mamá, todavía quiero jugar con papá, no quiero dormir —dijo Fer, que estaba en pleno juego y no tenía ninguna intención de irse a la cama.
Selena conocía el horario de su hijo. Había dormido media hora en el camino de regreso, así que estaría despierto hasta la madrugada.
—Llévate a Fer a tu cuarto. Cuando le dé sueño, lo traes —decidió Selena, dejándole la responsabilidad.
—¡De acuerdo! —dijo Adrián sin dudarlo, y cargando a Fer, se fue a su habitación.
Selena, agotada por un largo día de trabajo, se tumbó en la cama, somnolienta.
Mientras dormía, sintió que alguien entraba en la habitación. Luego, un cuerpecito cálido rodó hasta su lado y, apartándole el brazo, se acurrucó contra ella.
Selena siempre había tenido el sueño pesado, y en ese momento estaba demasiado cansada para preocuparse. Abrazó al niño y siguió durmiendo.
Adrián se sintió un poco incómodo. Su hijo le sujetaba un dedo con fuerza y no quería soltarlo.
Para no despertar a Selena, Adrián se inclinó rígidamente sobre el otro lado de la cama por un momento y luego, sin más, se acostó.
No es que se quedara a propósito, era que… su hijo lo necesitaba.
***
Pasó la noche.
La luz del amanecer se filtraba a través de las finas cortinas.
El reloj biológico de Selena la despertó. Antes de que su mente se aclarara por completo, sintió que su cabeza reposaba sobre un brazo.
No solo eso, sino que su otra pierna, buscando comodidad, estaba apoyada sobre un objeto alto.
—¡Ah! —Cuando Selena abrió los ojos y vio que el "objeto" sobre el que descansaba su pierna era en realidad el muslo firme de un hombre, saltó de la cama asustada.
El grito despertó a Adrián, quien abrió los ojos y vio que él y Selena estaban abrazados. Su hijo… dormía en un rincón a los pies de la cama, abrazado a su pequeña cobija.
Selena lo empujó de inmediato y se levantó de un salto, mirándolo con furia.

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