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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 289

Selena se quedó perpleja un momento, luego respondió con calma:

—Gracias por haberme acogido todo este tiempo. No quiero seguir alterando tu vida.

—Mándame tu nueva dirección —dijo Adrián. La cortesía de Selena lo hacía sentir aún más frustrado.

Selena lo pensó un instante y dijo:

—Claro, te la envío en un momento.

Cuando hay hijos de por medio, es imposible que una pareja divorciada se separe por completo.

—¡Selena! —la llamó Adrián después de un breve silencio.

—¿Sí? —respondió ella.

—Mi mamá no quiso decir eso, espero que no lo tomes a mal —dijo Adrián.

—No lo tomé a mal. Bueno, voy a colgar —dijo Selena y terminó la llamada.

Adrián sabía que a Selena le encantaba decir lo contrario de lo que pensaba. Ese hábito de decir las cosas al revés nunca había cambiado.

***

A la mañana siguiente.

Adrián no fue a la oficina. En su lugar, se sentó en el balcón a tomar café mientras jugaba con los dos cachorritos.

Antes no le gustaban mucho los perros, pero por alguna razón, estos dos pequeños revoltosos que no paraban de dar vueltas a sus pies le habían empezado a caer bien.

Adrián tomó a uno y le dio un golpecito en el hocico con el dedo.

—¿Cuándo va a volver tu dueña, eh?

El cachorrito lo miró con sus grandes ojos negros, completamente adorable.

Adrián sintió que estaba siendo ridículo, hablando con animales.

De repente, un Porsche plateado entró en el patio. Jazmín se sorprendió por un momento al ver que Adrián estaba en casa.

Hoy había venido a propósito porque Úrsula le había dicho que Selena se había mudado. Quería aprovechar la oportunidad para echar un vistazo, y planeaba subir al segundo piso para buscar el cuaderno de los padres de Selena en su habitación y su laboratorio.

Pero con Adrián en casa, su plan quedaba cancelado.

Jazmín había traído unos deliciosos postres de *El Rincón Provenzal*. Se acercó a Adrián con la caja en la mano.

—Adri, Úrsula me dijo que la empleada se fue. ¿Ya desayunaste?

—¿Qué haces aquí? —preguntó Adrián con indiferencia.

Jazmín sonrió, dejó las cosas y se sentó en la silla junto a él.

—Solo quería venir a verte —dijo con dulzura.

Estaba que se moría de la rabia. No solo no podía igualarla en el trabajo, sino que ahora tampoco podía ganarse el corazón de un hombre como ella.

—Adri, ¿a dónde se mudó mi prima? ¿Por qué no la detuviste? —preguntó Jazmín, ocultando el rencor en su corazón y manteniendo su imagen de mujer bella, bondadosa y elegante.

Adrián se rio de sí mismo.

—Insistió en irse, no hubo forma de detenerla.

—¿Por qué mi prima se fue de una manera tan terminante? —Jazmín fingió curiosidad—. Adri, perdona que te diga algo que quizá no te guste, pero creo que a lo mejor a mi prima le gusta alguien más.

El rostro sereno de Adrián se congeló en un instante. Se giró para mirar a Jazmín.

—¿Qué sabes tú?

Jazmín se encogió de hombros con una expresión de impotencia.

—Solo es una suposición. Incluso antes de que se divorciaran, me di cuenta de que el señor Castañeda y Yago sentían algo especial por ella. Adri, de verdad me siento mal por ti. Mi prima parece una mujer discreta, serena y de una belleza fría, pero tiene un verdadero talento para atraer a los hombres.

Una sombra de ira cruzó el hermoso rostro de Adrián. Lo que Jazmín decía era exactamente lo que él había notado.

Resultaba que todos a su alrededor sabían que Selena tenía varios pretendientes, y él, su esposo, había sido el último en enterarse.

Jazmín observó de reojo la expresión del hombre. Al ver su rostro pálido y tenso, supo que había dado en el clavo.

—Adri, es que mi prima… de verdad, ya está casada con un hombre tan excepcional como tú, ¿cómo puede andar pensando en otros? —dijo Jazmín en tono de reproche.

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