—Olvídalo, no hablemos más de ella —El rostro de Adrián ardía como si le hubieran dado dos bofetadas.
Jazmín supo que era momento de detenerse. Se levantó de inmediato.
—Adri, me voy a la empresa. Hay varios proyectos que están por aprobarse para su lanzamiento y, por ahora, la respuesta del mercado es buena.
Adrián asintió sin levantarse para despedirla. Se quedó clavado en la silla, con el semblante sombrío.
Jazmín pensó con malicia que, en realidad, no debía apresurarse. Adrián acababa de divorciarse de Selena y su corazón tardaría en recuperarse. Pero si ella era lo suficientemente hábil para avivar el fuego, tarde o temprano haría que el poco afecto que les quedaba se convirtiera en cenizas.
***
A las doce y media del mediodía, el carro de Selena entró en la propiedad. Se bajó a toda prisa.
Las dos nuevas empleadas ya tenían el almuerzo listo. Al verla entrar, la saludaron con una sonrisa.
—Usted debe ser la señora. El señor nos dijo que le preparáramos la comida. Ya está lista, por si gusta comer.
Selena se quedó sorprendida por un momento. No esperaba que ya hubiera dos nuevas empleadas en la casa.
Sonrió con amabilidad.
—No, gracias. Solo vine a recoger algunas cosas. Les agradezco su amabilidad.
Selena subió rápidamente las escaleras. Primero entró en la habitación del niño y la ordenó, bajando con dos bolsas grandes.
Luego, entró en la habitación de huéspedes donde ella se quedaba. Tomó otras dos bolsas grandes y comenzó a empacar.
La mayoría de su ropa era de estilo profesional, en colores no muy llamativos, principalmente grises, blancos y negros. En silencio, la dobló y la guardó con cuidado en las bolsas.
Después de guardar la ropa, abrió el joyero. Estaba lleno de joyas perfectamente ordenadas, todas regalos de Adrián. En cada festividad, grande o pequeña, él le regalaba algo simbólicamente.
Ahora, después de cuatro años, ya había llenado dos grandes compartimentos.
Selena extendió la mano y tomó el sencillo anillo que usaba antes de casarse. El resto, no lo quería.
Esos regalos no eran algo que Adrián le hubiera dado de corazón, sino por compromiso.
Selena decidió devolvérselos a su dueño.
Una vez que terminó, se dirigió a su laboratorio.
De aquí tenía que llevarse muchas más cosas. Solo de libros tenía tres cajas grandes, sin contar el equipo de laboratorio. No podía llevárselo todo de una vez, así que decidió volver en un par de días.
Justo cuando estaba metiendo los libros en una caja, escuchó una voz grave detrás de ella.
—¿Por qué no te llevas las joyas?
Selena se sobresaltó. Se dio la vuelta y vio al hombre apoyado en el marco de la puerta. Llevaba pijama, como si acabara de levantarse.
—Pensé que no estabas en casa —dijo Selena.
Adrián vio que su táctica había funcionado. Su expresión se relajó y la observó mientras ella empacaba.
—Todavía no me has dado la dirección de tu nuevo departamento —dijo Adrián con descontento.
Mientras ordenaba, Selena respondió:
—Palacete del Prado, edificio tres, piso quince, departamento 1502.
Adrián la miró con aire despreocupado.
—¿Por qué te mudaste ahí? Te queda bastante lejos del trabajo.
—Está muy cerca de la escuela de Fer. Caminando, son como quince minutos —respondió Selena.
Adrián se sintió extrañamente aliviado al ver que toda su atención estaba puesta en el niño.
—Selena, si en el futuro necesitas algo o requieres ayuda, puedes llamarme directamente —Adrián observó su rostro tenso. Justo en ese momento, un rayo de sol entró por la ventana y la iluminó, como si la favoreciera de manera especial. Tenía el cabello desordenado por el esfuerzo, enmarcando su rostro. Sus ojos, claros y brillantes, llenos de inteligencia, eran de una belleza sobrecogedora.
Antes, Adrián nunca se había detenido a apreciar su belleza. Solo sabía que era atractiva, agradable a la vista, con una piel naturalmente pálida, fina y suave. Lo único que recordaba con intensidad eran sus ojos acuosos cuando hacían el amor, mirándolo con súplica o con una profunda devoción, como si quisiera grabar su imagen en lo más profundo de su ser.
Pero aquellas noches de pasión y entrega ya no volverían.
Selena se dio cuenta de que el hombre la estaba mirando descaradamente. Se dio la vuelta de inmediato y se puso a ordenar del otro lado para que no la viera.
—Selena, me gustaría saber, ¿qué sientes por mí ahora? —preguntó Adrián sin el menor pudor.

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