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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 291

Selena le dio la espalda. Su voz grave, sin embargo, se coló en sus oídos.

Ella continuó ordenando en silencio.

La mirada de Adrián se ensombreció. Su silencio parecía ser la mejor respuesta.

«¿Indiferencia?».

Un libro que Selena sostenía se le resbaló de los dedos por el peso y cayó al suelo.

Cuando se agachó para recogerlo, sus dedos pálidos rozaron el dorso de la mano del hombre.

Adrián reaccionó más rápido que ella y recogió el libro. Al sentir el calor de su piel, Selena retiró la mano bruscamente.

Adrián observó su sutil movimiento y su ánimo se desplomó aún más.

—Perdón —se disculpó Adrián en voz baja.

Selena lo miró extrañada y dijo con indiferencia:

—Adrián, no tienes por qué disculparte. Al menos, en lo que respecta al divorcio y la custodia del niño, no me pusiste las cosas difíciles.

—Me refiero al malentendido de estos cuatro años —dijo Adrián, mirándola a los ojos.

La luz que se posaba sobre ella le daba a sus ojos un fascinante tono ámbar que los hacía aún más hermosos.

Selena se mordió el labio y dijo en voz baja:

—Ese malentendido ya se aclaró, no fue tu culpa.

—Pero durante esos cuatro años te estuve reprimiendo con mis palabras y acciones, convirtiéndote de una chica alegre y optimista en una esposa resentida —dijo Adrián, observando atentamente las expresiones de su rostro.

Selena se quedó atónita.

—¿Parezco una resentida?

Adrián asintió, pero luego, como si recordara algo, negó con la cabeza.

—No exactamente. Es solo que te arrebaté toda tu alegría y te volví una persona mucho más callada.

Lo que decía era cierto. Ahora, Selena solo sentía felicidad cuando lograba algo en el trabajo o cuando estaba con su hijo. Para todo lo demás, tenía una actitud de indiferencia: si pasaba, bien; si no, también. En realidad, esa era una señal de que había perdido el entusiasmo por la vida.

—La gente tiene que aprender a madurar. Simplemente me volví más centrada y seria, no es tan terrible como lo pintas —dijo Selena. Luego, levantó una caja, pero el peso la hizo tambalear hacia atrás, y su espalda chocó contra el pecho del hombre.

Adrián reaccionó a tiempo, quitándole la caja de las manos.

—Déjame a mí.

—No es necesario… —Selena no quería deberle nada más.

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