Al segundo siguiente, Adrián entró vestido con una bata de dormir gris.
Selena observó cómo el cinturón de la bata estaba atado con descuido, dejando entrever parte de su pecho musculoso. Antes, una imagen así la habría hecho sonrojarse, pero ahora, lo vio como si fuera un mueble más en la habitación, sin el menor interés.
—Vuelve a tu cuarto a dormir —le dijo. Solo pensar que él se presentaba así delante de Jazmín le revolvía el estómago. Quería que se fuera.
Adrián rara vez usaba su atractivo físico para conseguir algo, pero esa noche había hecho una excepción. No esperaba que, antes de poder desplegar su encanto, ya lo estuvieran echando.
—¡No, papá, no te vayas! ¡Papá tiene que dormir aquí! —Fer se cruzó de brazos y frunció los labios con seriedad.
Selena se quedó perpleja. Su hijo debía de haber visto demasiados dibujos animados y ahora imitaba todo lo que veía. Decidió que, a partir de ahora, solo le pondría caricaturas educativas.
—Fer quiere que me quede —dijo Adrián, con el rostro endurecido.
Selena conocía el carácter de su hijo. Una vez que se le metía algo en la cabeza, no había quien lo moviera. Si echaba a Adrián, el pequeño probablemente montaría un escándalo.
Para evitar la escena, dijo con resignación:
—Entonces duerme del lado de la pared. El niño en medio.
A Adrián le pareció bien. Se recostó del lado de la pared, apoyando la cabeza en su brazo con pereza. Fer rodó feliz a su lado y se acurrucó en su brazo con una gran sonrisa.
Adrián observó cómo Selena apagaba la luz principal, dejando solo dos pequeñas lámparas de noche que inundaban la habitación de una luz tenue. El niño, agotado por un día de juegos, no tardó en quedarse dormido. Su reloj biológico era preciso, y el calor y la seguridad del abrazo de su padre lo ayudaron a conciliar el sueño en minutos.
En cuanto su hijo se durmió, Selena se levantó, tomó su almohada y se dispuso a salir de la cama.
—Selena… —la llamó Adrián en voz baja.
Ella se giró para mirarlo. En la oscuridad, sus ojos brillaban con una intensidad sombría.
—Si tienes algún problema conmigo, dilo ahora.
Hacía tiempo que Adrián aguantaba su actitud.
—No tengo ningún problema —respondió Selena con ligereza, y salió de la habitación sin mirar atrás.
—Gracias por venir a cuidar de Fer —respondió Adrián con voz neutra.
—No es ninguna molestia. Fer me encanta, es un niño adorable —dijo Patricia, sonriendo.
—Tía, tengo una reunión a las diez. ¿Puedes cuidarme a Fer un rato? Almorzamos juntas fuera —dijo Selena.
Patricia sabía que Selena estaba muy ocupada y se alegró de poder ayudarla.
—Tú ve tranquila, Selena. Yo juego con Fer.
Adrián entrecerró los ojos. Justo en ese momento, sonó su celular.
—¿Diga? —contestó.
Una voz dulce y femenina se escuchó al otro lado.
—Adri, acabo de recibir una noticia.

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