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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 85

—Yago, ¿cómo está tu abuela? —preguntó Jazmín con dulzura y preocupación—. Las hierbas medicinales son buenas, pero hay que usarlas con cuidado. Es importante encontrar un buen médico.

—Tiene sus años y no puede tomar muchos medicamentos. Las hierbas son más suaves y le sientan bien —asintió Yago.

—Ay, la vejez siempre es complicada. Deberíamos aprovechar nuestra juventud y no dejar nada pendiente —suspiró Jazmín.

Mientras decía esto, miró de reojo al hombre que fingía dormir a su lado. Adrián parecía dormido, pero en realidad, había oído cada palabra.

—Sí, de jóvenes deberíamos hacer lo que nos dicte el corazón, sin pensar tanto en las consecuencias —dijo Yago, como si le hubiera tocado una fibra sensible.

—Y en el amor, también —sonrió Jazmín con dulzura—. Lo más feliz es poder pasar la vida con la persona que amas.

Yago se quedó pensativo. Por alguna razón, la imagen de él siguiendo a Selena por el mercado esa mañana le vino a la mente. Sintió una punzada de culpa y miró a Adrián.

Justo en ese momento, Adrián abrió los ojos y también lo miró. Sus miradas se cruzaron por un instante y ambos apartaron la vista.

Jazmín no insistió en el tema del amor. Sabía que a los hombres no les gustaba perder el tiempo en esas cosas, ni sentirse atados. La mejor forma de tratarlos era no presionarlos.

Al volver a la villa, Adrián vio la sala vacía. En la habitación de invitados del segundo piso, Selena había dejado todo ordenado, hasta la cama hecha.

Se había ido. Se había ido sin más.

Adrián se dejó caer en la cama y se cubrió los ojos con el brazo. Una mujer que ya no lo quería… no valía la pena retenerla.

Selena, al volver a Nueva Palma, fue directa a la villa a buscar a su hijo.

El pequeño estaba jugando tranquilamente en la sala cuando la vio entrar. Se quedó quieto, con los juguetes en las manos. Sus ojos oscuros la miraron, y sin moverse del sitio, hizo un puchero y las lágrimas brotaron de inmediato.

Úrsula y la abuela, que estaban sentadas a su lado, sonrieron al verlo.

—Mamá, me llevo a Fer.

—¿Y Adri? ¿No ha vuelto contigo? —frunció el ceño Úrsula.

—Tenía otros asuntos, no pudo venir —mintió Selena para no preocuparla.

Úrsula estuvo a punto de decir algo, pero se contuvo. Con la excusa de acompañarlos al carro, salió con ellos al patio.

—Selena, ¿ha mejorado un poco tu relación con Adri? —le preguntó con dulzura.

El rostro de Selena se tensó. Lo que más temía era esa repentina muestra de interés.

—Mamá, ya somos un matrimonio de años. La relación no se arregla en un par de días —respondió con una sonrisa.

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