Entrar Via

La esposa que nunca se queja romance Capítulo 13

Gustavo la reconfortó: —Tú quédate tranquila aquí. He estado hablando con Don Lira estos últimos días, y creo que pronto lo convenceré de que deje de pelear por la custodia de Mateo. Así podrás recuperar tu libertad.

A Silvia se le hizo un nudo en la garganta: —Gracias, Gustavo. Si no fuera por ti, la familia de él ya me habría arrebatado a mi hijo.

—No tienes nada que agradecer, después de todo, fuimos muy buenos amigos... —El tono de Gustavo era forzado.

Los grandes ojos oscuros de Silvia parpadearon.

*¿De verdad éramos solo amigos?*

—Pero has hecho muchísimo por nosotros, de verdad me da mucha pena. Deja que trabaje a tu lado para poder estar en paz conmigo misma.

—Pero Mateo...

—Mateo se porta muy bien, y con Doña Rosa cuidándolo, estoy más que tranquila.

Gustavo seguía dudando, y Silvia se mordió el labio inferior con fingida mortificación: —¿Acaso crees que no tengo la capacidad suficiente?

—¡Por supuesto que no! —Gustavo sonrió de inmediato—. Tú eres diferente a Nati. Sé muy bien que en la universidad ganaste el primer lugar en varios concursos de programación y que tienes experiencia laboral en el extranjero. Eres mucho más competente que ella.

—Entonces con más razón deberías contratarme. ¡Trabajaré gratis para ti, no quiero sueldo!

Gustavo recordó de pronto que el Grupo Cielo, una poderosa empresa de la capital, estaba por expandirse al sur y abrir operaciones en Ciudad del Mar. Los altos mandos del Corporativo Guzmán estaban muy interesados en conseguir ese contrato. Si ganaban la licitación, tendrían que formar un equipo de proyecto enorme, y el trabajo sería abrumador.

Sería mejor asegurar talento desde ahora.

Pensando en eso, asintió: —De acuerdo. Le diré a Recursos Humanos que se ponga en contacto contigo más tarde. Y claro que no será gratis; tendrás el sueldo y las prestaciones que te corresponden.

Los labios de Silvia se curvaron en una sonrisa triunfal. —Gracias, Gustavo.

...

El auto se detuvo frente al imponente edificio.

Al bajar, Natalia se quedó absorta mirando el enorme logo brillante en la fachada.

Tecnología L&N.

Recordó cuando fundaron la empresa y Leonardo, con un ademán exagerado, declaró: *"Ya que nosotros dos somos los fundadores, le pondremos nuestros nombres. Oye, quién sabe, tal vez hagamos historia"*.

En aquel entonces, Natalia se rió de lo cursi que sonaba, pero no se opuso porque en el fondo también le parecía genial.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa que nunca se queja