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La esposa sustituta del millonario romance Capítulo 6

Marina

Playa, desenfreno, calor, risas. Eso es lo suele describir a una luna de miel o lugares fríos también pero siempre llegando con alegría al destino escogido por la pareja. En cambio con nosotros no, no nos dirigimos la palabra en todo el viaje, dormí luego de no querer llorar por lo ya hecho y así llegamos a Cancún.

__Escoge el lugar que quieras para dormir. Igual no importa. - dijo George sin mucho interés, pasando de largo hacia el bar.

__ Me llevaré esto. - mostré la botella de champagne que nos dieron en el avión. - Quiero emborracharme y dejar de pensar que me casé con alguien que solo se llama George Castelo.

__ No me agrada más que a tí este matrimonio así que no te sientas única. - suspiró bebiendo de golpe el trago de licor para llenarlo de nuevo. - Si vas a salir, mide lo que haces afuera. Nada de exponerte a ser fotografiada en situaciones que nos pongan en aprietos.

__ Entonces de mi ida a un club de stripper ya no hablamos. - refunfuñé arrastrando la maleta con algunas cosas que tuve que comprar, al no poder sacar nada de lo mío en casa de mi padre. - Bonita luna de miel tendré.

__ Sabes cuáles son tus límites. Nada de lugares comprometedores, arrumacos con alguien más al menos no a la vista.

Como si lo fuera a hacer. A este punto de mi vida, ya estaba pensando en como meterme a un convento ya que seguramente me dejarían ser monja, con mi edad, para otros era vergonzoso no tener nada de aventuras que contar. Lo único interesante en mi vida fue ser atracada cuando me escapé de la boda con Angelo Diheston. Me robaron el collar que esté había puesto horas antes en mi cuello, tampoco lo iba a extrañar, pero no tenía muchas anécdotas que contar.

Me saqué la ropa el vestido que traía aún encima. Un vestido de novia que en lugar de hacerme suspirar por haber sido un día importante en mi vida, quise desaparecer.

Me puse un vestido veraniego, más cómodo. Vi la botella en mi cama, tentada a a abrirla para lamentar mi vida de los próximos meses. Una que solo me hizo pensar en cuanto deseaba que el tiempo transcurriera rápido para ser libre, tanto de padre como de quién ya era mi esposo.

Opté por la mejor idea. Salir por unas horas, sola y dejar de torturarme con el mismo pensamiento de siempre.

Busqué mi celular, recordado a Juliana pidiendo fotografías de donde estaría por dos semanas.

Bajé hasta el lobby del hotel, había bastante movimiento, todos en una misma dirección. Creí que sería una convención, pero luego vi que no se trataba de eso. Una pancarta en una de las esquina mostraba que se trataba de un concierto de un grupo musical.

Al leer el nombre de dicho grupo, tuve que investigarlo por si mi gusto musical coincidía con ellos. Era poca la información pero decidí ir.

Caminé junto a todos los demás, unos iban acaramelados, otros solos al igual que yo, pero siempre sonriendo, por lo que no vi el porqué no hacerlo también.

Entramos al salón, en este se esmeraron en organizar un escenario en el cual los instrumentos ya estaban. Me senté a lado de una de las mesas, entre tantos no me veía, ni me sentía tan sola.

Cuando el grupo salió todos aplaudieron. Comenzando la música de pusieron de pie, coreando la letra como si ya lo hubieran escuchado, en lo que solo me moví con el ritmo de la melodía que podía a vibrar mi pecho por el volumen. Hasta que me olvidé lo que realmente estaba haciendo en ese lugar, solo siendo Marina, sin un apellido que acompañar ni decir.

Pedí un trago tomando en un grupo de personas que decían venir de Brasil. Su lengua la entendí porque mi padre al menos nos obligó a mi hermana y a mí a aprender tres lenguas básicas para ser la esposa trofeo de alguien en un futuro. Resultó ser verdad, al final de todo.

Una canción conocida se sumó cuando el concierto terminó, una que sí conocía.

Summer , de Calvin Harris. Con esta no me importó hacer el ridículo, pero vi que a todos les gustaba también bailando y brincando al ritmo de la música. Cantando entre todos, con risas y bebidas hasta que sentí que no podía más. Aún así seguí disfrutando del momento.

Hasta que unas manos de posaron en mis caderas, por instinto me giré de golpe para quitarlo de encima. Un tipo con cara de bad boy sonrió creyendo que lo dejaría seguir en su misión de amasar mis caderas a su gusto. Lo empujé y este se inclinó un poco más.

__ Sé que quieres compañía. - susurró en mi oreja. Arrugué el ceño al sentir su aliento a alcohol empujando de nuevo. Se aferró a mí y lancé el golpe con la esquina de la mano directo a su nariz.

Mis ojos se abrieron mucho más al ver la sangre emanando de sus fosas nasales. Se limpió y me vió con rabia. Su mano se levantó dispuesto a devolverlo.

__ Hija de...

__ ¡Atrévete a tocarla y te rompo la cara! - amenazó George saliendo de no sé dónde, pero a tiempo de detener al tipo que frenó sus intenciones al ver a alguien de unos centímetros más alto que él posarse a mi espalda. Rodeó mis hombros con sus manos para llevarme a su costado.

__ Ella me rompió la nariz, amigo. - se quejó el sujeto.

__ Algo debiste hacer para provocarla. Así guarda tu ego herido y largo de aquí. - demandó en su mismo tono, tan gélido que el sujeto no pudo desobedecer tal orden. Yéndose lejos de nosotros en menos de nada.

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