Marina.
El dolor de cabeza me estaba matando, los rayos del sol entrando por todos lados no ayudaba en nada a calmar los clavos que sentí entrando en mi sien. Las arcadas continuaron martirizandome, al punto que tuve que aferrarme al retrete al botar el único contenido de mi estómago.
Estaba acalorada, sudando, con el estómago quemando y aún así no recordaba cómo había llegado a la casa más que en pequeños fragmentos en mi mente. Desde que desperté lo único que pude hacer fue llegar al baño. Necesitaba agua, en grandes cantidades, con hielo. Para bañarme y beber. Lo que encontrara primero.
__ Bebe esto. - alcé la mirada para ver a George con su mano extendida ofreciendo una botella con agua, muy fría que agarré sin pensar para llevarlo a mi boca al tiempo que me incorporé.
__ ¿Que sueles ingerir para la resaca? - consultó caminando atrás de mí, dejé la botella a un lado para sentarme en el colchón y caer sobre este.
__ No lo sé. Es mi primera vez borracha. - admití. - La primera y la única. Jamás en la vida vuelvo a hacer esta tontería. Se siente horrible y tengo ganas de arrancar mi cabeza
Una risa silenciosa me erizó los vellos del cuerpo al oírla emanando de su garganta. Elevé la cabeza solo para verlo, confirmando que en efecto, era George.
__ ¿Estás sonriendo. ¿Porqué estás sonriendo? - interrogué y su risa continuó. - No puede ser. ¡Si estás hacien...¡Auh! Mi cabeza duele. Pero estás sonriendo.
__ Lo sé, soy quién se rie. - confirmó con obviedad. Pasando a mi lado para ir al teléfono donde pidió algo especial para resaca, que contuviera picante o algo que ayudara a bajarla. - ¿Algo más que se te antoje?
__ Fruta. Mucha fruta. - exclamé masajeando mi sien estando en la cama aún.
Todo me daba vueltas. Sentí el estómago vacío, pidiendo algo más que agua por lo que media hora después al llegar el desayuno, ambos nos sentamos en la mesa a degustarlo. Aunque ya casi eran las once de la mañana, pero eso no me importó.
La comida me hizo soltar pequeños gemidos complacida con el sabor picante, condimentada y delicioso de la comida, crocante y suave a la vez. Ingredientes integrados a la perfección que no sabía que nombre llevaba, pero estaba segura que lo iba a pedir de nuevo. Me hice una nota mental para no olvidarlo.
Luego de terminar con la comida, fui directo al baño para tomar una ducha refrescante que me quitó el dolor en las piernas. Al salir la habitación estaba vacía. De nuevo sola en un extenso y desconocido lugar, pensé.
Debía acostumbrarme a eso. Porqué lo acepté desde el inicio, no era un matrimonio por amor, solo era un contrato que deseé se acabe pronto para recuperar mi libertado y hacer uso de ella.
Una remera grande y un short de mezclilla fue lo que me puse para decidir ver una película en la gran pantalla frente a la cama. Preparé unas palomitas de maíz, tomé un bote de helado y un refresco con soda en la bandeja que puse en mis piernas.
Por más de una hora solo era yo, hablándole a gritos a Optimus Prime y megatron no matarse.
__ ¡Lo tienes en la espalda! - alcé la voz peleando para que me escuche como si las veces anteriores hubiera sido diferente.
__ ¿Con quien peleas? - preguntó George entrando a la habitación, colocando las llaves en la cómoda.
__ Con este...¡Lo mató, te dije! - mi recien esposo se acercó tomando dos palomitas que llevó a su boca. - Igual lo reviven con la chispa suprema.
__ Si ya la viste ¿Para que peleas con ellos? - interrogó sentándose a mi lado, moviendo la sábana para no tensarla. - Por cierto, unos socios están en México. Tendremos que reunirnos con ellos en unas horas.
__ ¿Que tan formal? - consulté para ver qué tenía en mi maleta.

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