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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 87

—¿Ustedes... uno tiene el apellido de la madre y el otro el del padre?

Ariel asintió, pero luego negó con la cabeza, como si hubiera algo difícil de explicar.

Se limitó a decirle a Karina: —Yo llevo el apellido de mi padre adoptivo...

—Lo de mi familia es... complicado. Cuando sea el momento adecuado, te lo contaré todo, detalle por detalle.

—No es necesario que me lo cuentes.

Karina respondió con calma.

Pero sus dedos estaban a punto de hacer un agujero en el sofá.

Esa postura la hacía sentir realmente incómoda.

El cuerpo de Ariel estaba inclinado hacia ella, y su aliento cálido le rozó la oreja.

Esa cercanía, que rompía la distancia personal cómoda y segura, hizo que su corazón diera un vuelco.

Se apartó un centímetro más.

Pero ese aliento cálido la siguió, acercándose un poco más.

«Ah, ¿con que a eso quieres jugar?», pensó.

Karina dejó de retroceder y, de repente, empujó a Ariel, cuyo cuerpo cayó de espaldas contra el sofá.

Lo inmovilizó con su cuerpo, apoyando una mano en el respaldo del sofá, en una pose como si fuera a acorralarlo.

Su mirada era intensa, pero su tono de voz era perfectamente claro: —¿Acaso el profesor Solano no querrá contarme su historia esta misma noche? ¿O ya se va?

Ariel se quedó pasmado. Sentía como si un pájaro se hubiera metido en su pecho, aleteando frenéticamente.

Era la primera vez que estaban tan cerca estando ella completamente sobria.

Tan cerca que, si se inclinaba un poco más, podría besar los labios de Karina.

Sintió la boca seca y la lengua pastosa, como si todo su cuerpo estuviera en llamas.

Y era una maldición: cuanto más intentaba apagarlo, más fuerte se volvía el impulso masculino, llegando a un punto difícil de controlar.

¡¿Cómo podía hacer el ridículo frente a Karina?!

Las puntas de las orejas de Ariel se sonrojaron y, con cierta timidez, desvió la mirada.

—Me... me voy. Ahora mismo.

Karina notó cómo Ariel evitaba su mirada y arqueó una ceja.

No habían hecho nada. ¿De qué se avergonzaba?

Parecía un jovencito inocente. ¿Cómo diablos había tenido una hija?

«¿Acaso la madre de Melisa se le lanzó encima?», se preguntó.

Mientras Karina estaba distraída, Ariel le puso las manos en los hombros y la acomodó de nuevo en el sofá.

Luego, enganchó la bolsa de comida con un dedo y se fue rápidamente, como si algo lo estuviera persiguiendo.

***

Hacienda de las Rosas.

Belén y Caro habían arruinado los planes de Selena, quien, furiosa, no pudo dormir bien en toda la noche.

Se levantó temprano y empezó a darle órdenes a Belén para que hiciera una cosa tras otra.

Belén, mientras sacaba una bolsa de basura, murmuró: —[La basura sigue siendo basura, no importa dónde la tires. Nunca se convertirá en un tesoro].

Como Belén no consideraba a Selena su jefa, cuando alguien llegó a la entrada buscándola, no se lo dijo.

En su lugar, esperó a que Fabio bajara y le comentó:

—Hay un hombre de unos cuarenta y tantos en la entrada de la hacienda. Llegó a las cinco de la mañana diciendo que busca a la señorita Selena.

Fabio miró hacia afuera: —¿No dijo quién era?

Belén respondió: —Dijo que es plomero. No sé por qué la señorita Selena conocería a un plomero.

¿Un plomero?

Las alarmas de Selena se dispararon.

«No puede ser el tipo del Residencial Las Ceibas que me ayudó a tomarle fotos a Karina, ¿o sí?».

Pero la realidad era que, después de llevar a Karina al hospital, Fabio se había desentendido por completo del asunto.

Y Ariel, como si quisiera provocar, trató a Valentín sin usar anestesia.

El director Lemus del Hospital Monte Real encubrió a Ariel, diciendo que si no estaban conformes, que lo demandaran.

El intento de abuso de Valentín ya era un delito, y como la Sra. Morales y el director Morales eran funcionarios públicos, ambos optaron por no llamar a la policía.

Pero la Sra. Morales no pudo soportar la humillación y contrató a alguien para que matara a Ariel.

Quién iba a decir que no solo no lo lograrían, sino que Ariel terminaría denunciándolos a la policía.

Para protegerse, el director Morales denunció personalmente a la Sra. Morales, solicitó una degradación de su cargo y se divorció de ella.

Selena también fue llamada a declarar a la comisaría.

Por suerte, había sido precavida.

Cuando preparó la sala de descanso, había especificado de antemano que era para que los periodistas que cubrían la entrevista descansaran.

Lo hizo de buena fe.

No tenía idea de que algo así ocurriría.

En cuanto a alejar a Fabio... eso no constituía un delito en sí mismo.

Simplemente le había dolido el estómago y le pidió a Fabio que la llevara al hospital, donde incluso había un registro de su consulta.

Fabio recogió a Selena de la comisaría.

Selena parecía un conejo asustado, con los ojos enrojecidos y las lágrimas cayendo al suelo, hechas pedazos.

Fabio no pudo decir ni una palabra de reproche. Al contrario, la consoló: —No te preocupes. En el futuro, solo ten más cuidado con tus amistades.

Fue a raíz de este incidente que Fabio se enteró de que el ataque de Valentín no había tenido éxito.

Sin embargo, Karina le había hecho creer lo contrario a propósito.

Recordó las palabras de ella: «Fabio, para mí, ya no tienes ninguna importancia».

Comenzó a sentir pánico, como si una soga le apretara el corazón, enroscándose cada vez más.

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