En cuanto abrió la puerta, todas las miradas se clavaron en ella. El silencio en la sala era sepulcral. La miraban con una expresión indescriptiblemente extraña.
Desde que entró al Grupo Ramos, Sabrina nunca se había topado con una situación tan rara. Movió la vista y vio a Martín con cara de conflicto, a Federico con el rostro oscurecido y a Eva con una expresión fría.
¿Qué estaba pasando? ¿Quién era ese gran cliente?
Al girar la mirada, vio un rostro masculino, pálido y refinado. El hombre sonreía levemente, con esa frescura y aire juvenil de siempre.
A Sabrina le tembló la mano y los documentos se le cayeron al suelo. La secretaria se apresuró a recogerlos.
Al ver que ella lo miraba, el hombre la saludó como si nada:
—Sabrina, cuánto tiempo.
Sabrina apenas logró recomponerse.
—… Cuánto tiempo.
¡El supuesto gran cliente del Grupo Ramos era Sebastián!
—Sabrina, siéntate, por favor —intervino Martín.

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