Sebastián no tuvo reparo en exhibirlos frente a todos. La cara de Federico se oscureció y en los ojos de Eva brilló un destello de humillación.
Sebastián seguía igual: no respetaba a nadie. Hasta la sonrisa de Martín se desvaneció un poco.
Cuando llegó la propuesta de la familia Fonseca, Martín se sorprendió. No sabía la verdadera identidad de Sebastián y pensó que Federico había conseguido el cliente tras ir a disculparse. La familia Fonseca no solo buscaba colaborar, sino que ofrecía un contrato muy jugoso. A pesar de los rumores peligrosos sobre los Fonseca, Martín no podía rechazarlo. ¡Era demasiado dinero!
Martín pensó que era logro de Federico y dejó que él lo organizara. Como la familia Fonseca avisó que el patriarca vendría en persona, nadie en el Grupo Ramos quiso faltar. Todos los accionistas apartaron la fecha, excepto Sabrina. Ella podía saltarse cualquier cosa que viniera del bando de Martín.
Federico aprovechó para asignarle el proyecto a Eva. Pero cuando llegó Sebastián, todos se quedaron de piedra. Algunos accionistas hasta pensaron que se había equivocado de sala. Solo tras el recordatorio del enlace se dieron cuenta de que él era realmente el dueño de la familia Fonseca.
Fue una cachetada con guante blanco para todos. Tanto los accionistas del bando de Martín como los de Celeste Ibáñez quedaron en ridículo.
—Si tuvieran un poquito de autocrítica, no los haría pasar esta vergüenza… ¿o me equivoco? —volvió a hablar Sebastián desde el lado de Sabrina.

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