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La Heredera del Poder romance Capítulo 2790

De verdad era Jasmina quien llegó. Cuando Sue escuchó su nombre, el gesto en su rostro se volvió aún más serio.

Como prima de Jasmina, Sue conocía bien su carácter. Jasmina siempre se había creído superior, era orgullosa y despreciaba la Tierra. ¿Cómo era posible que viniera voluntariamente hasta aquí?

A menos que...

Lo hiciera por Adam.

Al pensarlo, Sue no pudo evitar mostrar algo de enojo en su mirada.

—Señora, espere un momento —dijo Sue, llamando aún a Sofía "señora" porque la boda todavía no se había celebrado en la Tierra.

—¿Sí? —Sofía alzó la vista, mirándola.

Sue no se anduvo con rodeos:

—La verdad, no me llevo bien con mi prima Jasmina. Lo mejor sería que no la dejaran entrar.

Conociendo a Jasmina, que siempre tenía un as bajo la manga, Sue sabía que dejarla entrar solo traería problemas a la familia Lozano. Ella era, desde siempre, una experta en sembrar el caos.

Sofía entendía la situación de Sue, así que asintió:

—Está bien. Mayordomo, dile a los de seguridad que Sue no tiene ninguna prima.

El mayordomo, que era muy vivo, captó al instante, y asintió:

—Por supuesto, señora. Ya mismo.

Después de hacer la llamada, Sofía miró a Sue y preguntó, algo preocupada:

—¿No tendremos problemas por esto, Sue?

Después de todo, Jasmina era su prima. Si llegaba a oídos del sistema estelar S, temía que la reputación de Sue se viera afectada.

—No se preocupe, señora —respondió Sue—. Esa prima mía siempre ha sido muy lista y llena de ideas raras. De seguro vino a la Tierra a escondidas.

Sue lo dijo con cautela, pero Sofía comprendió lo esencial.

—Dime una cosa, Sue. ¿No es Jasmina la muchacha con la que Adam tuvo una cita a ciegas?

—Sí —afirmó Sue—. Así que ya sabe por qué vino justo en este momento. Antes, el planeta que más despreciaba era la Tierra.

En el pasado, tal vez Sue habría dejado pasar a Jasmina por el vínculo de sangre, pero tras todo lo vivido, ya no era tan ingenua. Ser buena con los demás, a veces, era ser cruel con uno mismo.

Si Jasmina entraba, seguro habría problemas.

Jasmina no venía con buenas intenciones.

Sofía frunció el ceño:

—¡Quién lo diría! ¡Qué muchacha tan calculadora! Menos mal que no la dejamos entrar.

Mientras tanto, fuera de la casa, Jasmina llevaba rato esperando frente a la caseta de seguridad. Por fin, la puerta se abrió.

Jasmina se apresuró a acercarse, con la esperanza pintada en el rostro.

—¿Puedo pasar ahora?

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