—¡Mamá, no puedes regresar ahora!
Aunque Jerry tampoco sabía en qué terminaría todo ese asunto de la criatura, tenía el presentimiento de que volver en ese momento a Estado Luz sería una decisión de la que se arrepentirían toda la vida.
Susan miró a Jerry con el ceño fruncido.
—¡Pero a mí no me gusta este lugar! ¡Nunca me gustó desde el principio!
Las raíces siempre pesan. Cuando uno envejece, lo que más anhela es quedarse en su tierra.
Jerry insistió:
—Mamá, entiendo lo que sientes, pero te pido que aguantes un poco más. Todo lo que vemos ahora es solo la punta del iceberg, nadie sabe lo que va a pasar. Te aseguro que aquí estamos cien veces más seguros que en Estado Luz.
—¡El doctor Mario ya inventó el motor perpetuo! —replicó Susan—. No entiendo de qué tienes miedo. Si tú no quieres regresar, está bien, pero yo sí me voy.
A Susan, su hijo Jerry le parecía absolutamente incomprensible.
—Mamá, por favor, cálmate —suplicó Jerry, visiblemente angustiado—. Si realmente te vas, ya no habrá vuelta atrás.
El sistema de seguridad había cerrado las salidas. Cualquiera que quisiera regresar a Estado Luz tendría que entrar por accesos especiales, y una vez adentro, no habría forma de salir otra vez.
—No te preocupes, aunque me ruegues después, no volvería a este lugar ni loca —espetó Susan, molesta.
Emi intervino en el momento justo:
—Mamá, creo que Jerry tiene razón. Tómatelo con calma, si pasa algo grave, después no habrá remedio.
—No tienen que volver ustedes, me voy sola.
Susan ya había tomado su decisión y nadie podía hacerla cambiar de opinión.
Los hermanos se miraron con resignación, impotentes ante la terquedad de su madre.
Susan terminó de recoger unas cosas en el primer piso y subió a su habitación.
Emi le preguntó en voz baja a su hermano:
—¿De verdad no podemos regresar todavía?
—No, no podemos —respondió Jerry—. Ustedes no han visto a la bestia con sus propios ojos. No tienen idea de lo aterradora que es.
Aunque habían pasado varios días, Jerry aún recordaba la mirada de aquel monstruo.
Emi entrecerró los ojos.
—Pero mamá está decidida. ¿Y si hago esto? La acompaño, me voy con ella y tú te quedas aquí solo.
No podía dejar que Susan se fuera sin compañía, así de simple.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...