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La Heredera del Poder romance Capítulo 2829

Mario asintió con la cabeza, sin decir palabra.

William se dio la vuelta para buscar algo de comer.

Mario se sentó en un rincón, escondiendo la cabeza entre las rodillas, y rompió a llorar desconsoladamente.

En ese momento, ya no parecía el doctor brillante y seguro que todos conocían.

Su sueño de conquistar el mundo no solo se había hecho pedazos, sino que además había convertido todo el Estado Luz en un verdadero infierno.

¡Él era el culpable!

En ese instante, Mario no sabía qué pensar; solo sentía un arrepentimiento profundo.

Pero, ¿de qué servía arrepentirse ahora?

—Anda, come algo —dijo William acercándose y ofreciéndole un pedazo de pan.

Mario alzó la mirada—. Cómelo tú, no tengo hambre.

No tenía cabeza para comer nada en ese momento...

William insistió—: Mira, pase lo que pase, tienes que comer algo. Solo con la barriga llena vamos a tener fuerzas para acabar con esas bestias.

—¿De verdad crees que aún podemos derrotarlas? —preguntó Mario, sin mucha esperanza.

—Claro que sí —William asintió con firmeza—. Todo tiene su punto débil, incluso esas criaturas. Amigo, tienes que volver a levantarte. Yo confío en que vamos a devolverle al Estado Luz la paz de antes.

Al ver la seguridad en los ojos de William, una chispa de esperanza volvió a aparecer en Mario—. ¿De veras?

—¡Por supuesto! —siguió William—. Mira, tú y yo hemos pasado juntos por un montón de cosas, tormentas y todo, y esto no es nada en comparación.

Mario guardó silencio por un momento.

¿De verdad esto solo era una "pequeña dificultad"?

William continuó—: Además, todavía podemos intentar contactar a la señorita Yllescas. ¡La doctora YC seguro que tiene alguna idea!

Al escuchar ese nombre, la mirada de Mario se iluminó, y agarró con fuerza la mano de William—. ¡Cierto! ¡Aún podemos buscar a la doctora YC!

Después de todo, fue Gabriela quien primero se dio cuenta de que había algo raro con esos organismos unicelulares.

Pero en ese entonces, Mario no le prestó atención.

Ahora, al recordarlo, se sentía como un completo idiota.

Por un instante, la expresión de William se ensombreció—. Lástima que nuestro sistema de comunicaciones fue destruido por las bestias. Si no... ahora mismo estaríamos hablando con la doctora YC.

—¡Hay que arreglarlo! ¡De inmediato! —Mario se puso de pie de un salto.

Sentía que necesitaba la ayuda de Gabriela más que nunca.

William lo sujetó del brazo—. Espera.

—¿Qué pasa? —Mario lo miró, ansioso.

—Primero, come. Cuando termines, pensamos juntos cómo arreglar esto. Un cuerpo fuerte es la base de la revolución.

Mario volvió a asentir, se sentó y tomó el pan que William le ofrecía, comiéndolo a grandes bocados.

William tenía razón: solo con el estómago lleno iba a tener fuerzas para seguir.

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