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La Heredera del Poder romance Capítulo 3130

—¿No estarás confundida? —preguntó Cecilia.

La asistente negó con la cabeza—. La señora dijo exactamente eso. Señorita Cecilia, si no me cree puede llamarla y preguntarle usted misma.

Cecilia entrecerró los ojos, claramente molesta.

¿Qué estaba pasando?

¡¿Qué rayos estaba pasando?!

Ya tenían vista la casa y ahora Sofía no quería pagar. ¿Y cómo se suponía que iban a arreglar todo lo demás?

Con el rostro sombrío, Cecilia se acercó a Selena.

Selena seguía platicando alegremente con la vendedora.

Era la primera vez que alguien la trataba como a una reina, y le encantaba sentirse tan apreciada.

Al voltear, Selena vio a Cecilia y preguntó, extrañada:

—¿Y tu tía Sofía? ¿Ya fue a pagar?

Selena ni dudó; para ella, Sofía seguro les compraría la casa sin pensarlo.

Cecilia no contestó de inmediato. En vez de eso, tomó del brazo a Selena, fingió una sonrisa y le dijo a la vendedora:

—Disculpa, señorita, pero mejor vamos a ver otras opciones. Por ahora no vamos a comprar, gracias.

Apenas terminó de hablar, jaló a Selena hacia la salida.

Selena protestó, confundida:

—¿Por qué me jalas? ¿Por qué no vamos a pagar? ¿Qué pasa? ¿Dónde está tu tía Sofía?

—Mejor afuera te cuento.

La vendedora, viendo cómo se iban, murmuró entre dientes:

—Mira nomás, vienen aquí a hacerse los millonarios y ni para una casa tienen. Qué desperdicio de tiempo, una bola de muertas de hambre.

Cecilia llevó a Selena hasta la puerta. Apenas salieron, Selena se soltó y le reclamó:

—¡¿Qué está pasando?!

Cecilia respiró hondo y le dijo:

—Mamá, deja de soñar despierta. ¡Ella no va a pagarte nada!

—¿Ella? ¿Quién? ¿Tu tía Sofía?

—Ajá —Cecilia asintió con amargura.

—¿Y dónde está?

—Se fue antes que nosotras —respondió, conteniendo la rabia—. ¡Teniendo tanto dinero, no le costaba nada comprarnos una casa! Pero, ¿sabes qué nos dijo? ¿Sabes lo que salió de su boca?

—¿Qué dijo? —preguntó Selena, cada vez más inquieta.

—Que ahorita no tiene dinero para prestarnos.

—¡¿Qué?! —Selena abrió los ojos como platos, incrédula.

Ahora sí lo veía claro: Sofía era puro cuento.

—Vamos, mejor regresemos —dijo Selena, tragándose la rabia.

Cecilia ya no respondió nada y siguió a su madre.

El camino en coche se les hizo corto.

En menos de nada llegaron a la mansión de la familia Lozano.

Al ver la enorme casa, tanto Cecilia como Selena sintieron una punzada de enojo y envidia.

¿Por qué Sofía podía vivir en semejante mansión y ni siquiera les compraba una casita?

¿En qué estaba pensando Rodrigo para fijarse en alguien como ella?

¿De dónde sacaba Sofía el derecho de ser la señora de los Lozano?

Selena se acercó a una empleada y le preguntó:

—¿Dónde está mi hermana?

—La señora está descansando en su cuarto —respondió la empleada.

Sin decir más, Selena fue directo hacia la habitación de Sofía.

Su intención era entrar de golpe, pero la puerta tenía cerradura electrónica; alguien de afuera no podía abrirla.

—¡Sofi! ¡Sofi! —llamó Selena, golpeando la puerta con fuerza.

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