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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 123

Kennedy

Un momento.

—¿Cómo es eso posible?

Me puse de rodillas, frotándome el estómago de nuevo. Tenía que estar mintiendo. No había forma de que lo que sentí fuera falso o estuviera en mi cabeza.

Él gruñó de nuevo.

—Kennedy...

—¿Qué? No puedes ser un imbécil durante semanas y no esperar que tenga curiosidad cuando por fin decides hablarme.

Él cerró los ojos y respiró hondo.

—¿Podemos simplemente volver a dormir y hablar de esto mañana?

—Ni hablar. ¿Cómo es posible que seas virgen? Sé lo que sentí y sé lo que me pasó.

—No tengo problema en responder a tus preguntas. Aunque algunas de mis respuestas podrían no ser lo que quieres escuchar. Pero, por favor...

—Entonces, ¿qué demonios te pasa? —Casi estaba gritando de nuevo. Simplemente no lo entendía—. ¿Por qué no me miras?

Me acerqué más a él. Quería estirar la mano y tocar su mejilla, sin importar lo mucho que me hubiera hecho enojar. La necesidad de tener contacto era abrumadora. Pero me quedé allí sentada, esperando.

Volví a balancear mis caderas contra él y bajé mi nariz rozando apenas su garganta hasta llegar a una clavícula. Él se estremeció. Al menos reaccionaba ante mí de la misma forma en que yo lo hacía ante él. Podría haberme venido simplemente frotándome contra él allí mismo. Tal vez lo haría, y luego lo dejaría con las ganas.

—Estoy muy cerca. Siempre me tienes tan excitada.

Estaba dejando que mi cuerpo tomara el control en ese momento y mi cerebro estaba entrando lentamente en el territorio de la estupidez. No podía dejar que se viniera. Iba a llevarlo al mismísimo límite esa noche. Que viera lo que se sentía estar tan sexualmente frustrado.

—¿Te vendrás para mí, Kennedy? —preguntó con voz ronca entre jadeos.

—Tal vez.

Me froté con más fuerza y estaba vibrando. No me quedaba mucho tiempo. Lamí un lado de su cuello y lo besé en ese punto sensible detrás de la oreja, lo que me ganó un gemido ronco.

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