Una vez que todos se fueron, me recosté en la cama y acomodé a Kennedy en una posición más cómoda. Había estado acurrucada por demasiado tiempo y no quería que se le cortara la circulación de las piernas. Cuando terminé de acomodar innecesariamente sus mantas, levanté la vista hacia Bennet.
—Háblame claro, hermano. ¿Pasa algo entre Kennedy y tú?
—No empieces con esto otra vez. ¿Tienes idea de lo agotador que eres?
—Es que no lo entiendo. Pareces estar tan obsesionado con ella como yo. Siempre estás a un paso de ella, parece que pudieras leerle la mente, sus emociones. Te enojas o te ofendes por ella más que cualquier otra...
—Soy su Gamma, imbécil —no gritó, no como la otra noche; sonaba cansado—. Es mi trabajo estar un paso detrás de ella en. Todo. Momento. Es mi trabajo saber qué necesita en cualquier momento dado. No poder hablar con ella porque eres un imbécil celoso que complicó las cosas. Tuve que volverme más observador, aprender a leer su lenguaje corporal. Y de hecho debería agradecerte, porque ella jamás pedirá nada. Es igual de terca que tú. Sé que Jeremiah y esos chicos la adoran, pero creo que ella también se sentía como una carga allá. Por eso se esfuerza tanto. Tú le arrebataste todo eso en un instante. Ella sabe que todos asumen que es el eslabón débil por ser humana, y no quiere serlo. He tenido una conexión con ella desde el momento en que la reclamaste en la fiesta de Rayna.
—No la reclamé en ese entonces.
—¡¿Cómo carajos no?! Recuerdo claramente una falsa disculpa a Danny por arruinarle el plan y luego te quedaste merodeando en su visión periférica el resto de la noche. ¿Y dónde estaba yo? Un paso detrás de ti, justo al lado de Josh cuidándote la espalda. Lo supe en ese momento, ella era mi Luna.
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