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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 135

Una vez que todos se fueron, me recosté en la cama y acomodé a Kennedy en una posición más cómoda. Había estado acurrucada por demasiado tiempo y no quería que se le cortara la circulación de las piernas. Cuando terminé de acomodar innecesariamente sus mantas, levanté la vista hacia Bennet.

—Háblame claro, hermano. ¿Pasa algo entre Kennedy y tú?

—No empieces con esto otra vez. ¿Tienes idea de lo agotador que eres?

—Es que no lo entiendo. Pareces estar tan obsesionado con ella como yo. Siempre estás a un paso de ella, parece que pudieras leerle la mente, sus emociones. Te enojas o te ofendes por ella más que cualquier otra...

—Soy su Gamma, imbécil —no gritó, no como la otra noche; sonaba cansado—. Es mi trabajo estar un paso detrás de ella en. Todo. Momento. Es mi trabajo saber qué necesita en cualquier momento dado. No poder hablar con ella porque eres un imbécil celoso que complicó las cosas. Tuve que volverme más observador, aprender a leer su lenguaje corporal. Y de hecho debería agradecerte, porque ella jamás pedirá nada. Es igual de terca que tú. Sé que Jeremiah y esos chicos la adoran, pero creo que ella también se sentía como una carga allá. Por eso se esfuerza tanto. Tú le arrebataste todo eso en un instante. Ella sabe que todos asumen que es el eslabón débil por ser humana, y no quiere serlo. He tenido una conexión con ella desde el momento en que la reclamaste en la fiesta de Rayna.

—No la reclamé en ese entonces.

—¡¿Cómo carajos no?! Recuerdo claramente una falsa disculpa a Danny por arruinarle el plan y luego te quedaste merodeando en su visión periférica el resto de la noche. ¿Y dónde estaba yo? Un paso detrás de ti, justo al lado de Josh cuidándote la espalda. Lo supe en ese momento, ella era mi Luna.

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—No tengo todos los detalles, porque no le permitían hablar conmigo —él nunca iba a superar aquello—. Pero fue secuestrada o capturada con la intención de llegar a Jeremiah. Está aquí, así que es obvio que logró escapar, pero, según tengo entendido, se liberó por su cuenta, no fue rescatada.

—¿¡Qué!?

—Pregúntale a tu mamá o a Greta, puede que ellas también lo sepan. Ella es humana y puede quebrarse de una manera distinta a nosotros. Pero tampoco es una delicada pieza de cristal que deba estar bajo llave.

Ella podía ser más fuerte que yo y, aun así, yo me sentía igual. Era demasiado valiosa como para estar en peligro. La había visto soportar y recuperarse de una ceremonia de ingreso a la manada mientras estaba inconsciente. Sabía de lo que era capaz, pero aquello no hacía que fuera más fácil creerlo.

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