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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 144

Kennedy

Me tomó diez minutos enteros lograr que Ryker saliera y se subiera al auto conmigo. Me agarraba la mano como si le fuera la vida en ello, pero no fui capaz de pedirle que aflojara el agarre. Entendía un poco su miedo, pues era similar al mío.

Mi historial con los viajes por carretera no era el mejor y tenía mis propias ansiedades respecto a viajar, pero no eran nada comparadas con lo que él estaba experimentando. Estaba tan nervioso que podía saborear la tensión en el aire que nos rodeaba. Sin embargo, tenía que romperla o podría asfixiarme.

—Háblame de Rory. No hablas de él como de un Alfa sobre el cual tomaste el control —Me apoyé en el hombro de Ryker. Estaba sentado allí, rígido como una tabla. No sabía cómo iba a aguantar el viaje de dos horas.

—Rory es un buen chico. De hecho, tiene tu edad —Ryker me miró y luego tosió con nerviosismo. Debió haber captado mi mirada al compararme con Rory mientras se refería a él como “chico”—. Umm... Es diferente, supongo. Toda su situación es diferente. Solo soy un Alfa interino para ellos.

—¿A qué te refieres? ¿Cómo funciona algo así? Creí que tenían una especie de magia que les indicaba quién es su Alfa, quién está a cargo.

—La tenemos, pero en el caso de Rory, él tenía nueve años cuando su papá murió. Su madre vino a pedirme ayuda. Su manada limita con la Manada Demon Claw y su relación nunca ha sido amistosa. Con un heredero tan joven, eran vulnerables. Así que Antonia, la mamá de Rory, me preguntó si podía ayudar a Rory a aprender cómo ser un buen Alfa y si ayudaría a proteger su manada hasta que cumpliera la mayoría de edad. Comenzamos su transición de Alfa el año pasado. Hoy es su cumpleaños y vamos a unirnos a la celebración formal. No puedo creer que lo conozco desde hace una década —Ryker se frotó la áspera barbilla—. De hecho, lo he visto crecer, como a un sobrino. Es un poco una locura pensar en ello.

—Sí, claro, hasta que tu hermana te dé toda una manada de sobrinos y sobrinas. Entonces no sabrás ni qué te golpeó —Me reí—. ¡No puedo esperar!

—Ni siquiera puedo pensar en eso. ¿Por qué pondrías algo así en mi cabeza? Ahora de verdad quiero arrancarle la cabeza a Jeremiah.

—¡Basta! —Le di un manotazo en el brazo—. Son compañeros. No es diferente a ti y a mí.

—Y estoy seguro de que la reacción de Jeremiah sería la misma que la mía. En mi cabeza, Rayna sigue siendo una princesita en tutú, corriendo por la casa y bailando como una bailarina. No haciendo planes para ser mamá —se pasó las manos por la cara.

—Bueno, yo, por mi parte, estaba emocionada. No puedo esperar para tener sobrinos y sobrinas a los que malcriar.

—¿De verdad?

—¡Sí, de verdad! Siempre me han encantado los cachorros. Llevaba muchísimo tiempo emocionada por ser tía —No pude evitar dar saltitos en mi asiento—. Y ahora sé cómo se verán. Puedo imaginar a una niñita con el cabello castaño chocolate con leche de Jeremiah y unos llamativos ojos verde esmeralda como los tuyos y los de Rayna. O un niñito con el cabello castaño oscuro, casi negro, y cálidos ojos color miel. Todos serán juguetones y estarán haciendo travesuras casi todo el tiempo.

—¿Ah, sí? —Ryker me sonrió y yo asentí—. ¿Qué hay de ti?

—¿Qué hay de mí?

Estaba perdida en sus ojos, prestando atención a medias a la conversación. Sus ojos eran hipnotizantes. Aquella charla había comenzado como una forma de distraerlo durante el viaje, pero en ese momento era mucho más, y las paredes de la camioneta se estaban encogiendo, aunque no me sentía para nada incómoda.

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—¿Solo has pensado en ser tía o quieres tener tus propios hijos algún día?

Admití mi error. El interior de aquel vehículo se acababa de volver muy estrecho, muy rápido.

—Yo... yo... no lo sé. Supongo... lo he pensado... claro... ¿no lo hace todo el mundo? —De repente, no podía mirarlo ni articular oraciones completas.

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