Kennedy
Me acerqué más a Ryker, pero no por miedo. Había escuchado el insulto en las palabras de aquel hombrecito y sentí que Ryker se tensaba; esos viejos muros volvieron a alzarse de golpe. No los había visto en mucho tiempo, pero lejos de su manada debía de usarlos como una armadura. No podía usar el enlace mental para preguntarle y él no me diría por su cuenta cuál era su problema con ese imbécil; simplemente sabía que había uno. Aquel sería un juego interesante.
El brazo de Ryker rodeó mi cintura mientras nos girábamos para enfrentar al intruso.
—No esperaba verte aquí, Claude. Pensé que las reuniones como esta eran poco para ti —dijo él, apretándome la cintura como si fuera un salvavidas, o tal vez para evitar hacer o decir algo frente a ese sujeto.
Era pequeño para ser un hombre lobo. No bajo, sino escuálido. No sabía si alguna vez había visto realmente a un hombre lobo que no fuera musculoso; pensaba que eso era algo garantizado. Tommy siempre había sido más delgado que los demás chicos, como un corredor, pero aun así tenía un cuerpo poderoso.
Incluso el tío James seguía estando en muy buena condición. A sus cuarenta y tantos, no parecía mucho mayor que Jeremiah. Aquel sujeto parecía estar sufriendo alguna enfermedad.
—Pensé que debía pasar a ver a nuestro joven amigo para saber cómo va su transición —dijo Claude.
Había otra amenaza o advertencia allí. Su tono me dijo que debíamos vigilar a Rory. Tal vez Ryker ya lo estaba haciendo. No sabía nada de ese chico, ni siquiera lo había conocido todavía, pero significaba algo para Ryker y aquello era suficiente para mis instintos protectores.
—Como cualquier Alfa que aprende a hacerse cargo de su manada. Está haciendo su trabajo —Ryker se encogió de hombros, dando una respuesta vaga.
Claude lo ignoró, dirigió su atención hacia mí y me miró descaradamente de arriba a abajo. Sin embargo, la mirada en sus ojos no era de hambre ni de deseo. Pensé que tal vez intentaba hacerme sentir incómoda. Pero a este idiota le esperaba una sorpresa.
—¿Ya terminaste? —pregunté con dulzura, señalándome de arriba a abajo. Estaba literalmente cubierta de pies a cabeza con un vestido tipo suéter color crema que caía sobre un hombro, leggings marrones y botines del mismo color. Incluso mi cabello era sencillo, recogido en un moño alto de estilo casual—. Creo que nunca antes nadie se había tomado tanto tiempo para examinar mi atuendo. —Sus ojos se clavaron en los míos y destellaron con fastidio. Me pregunté si sería uno de esos tipos que creen que a las mujeres “se les mira, pero no se les escucha”. O tal vez pensaba que yo era inferior por ser humana. En cualquier caso, se irritaba con facilidad; era bueno saberlo. Miré a Ryker—. Deberíamos irnos. Quiero ver a Antonia y a Rory antes de que se pierda en algún lugar de la fiesta. —Esperaba que sonara convincente que los conocía.
La sonrisa radiante que recibí a cambio valió la pena el haber soportado a aquel payaso. Tenía el presentimiento de que no había terminado con nosotros, pero por el momento podía sacarnos de allí.
—Lo que tú quieras —Ryker me besó en la frente de nuevo y comenzó a guiarnos fuera de la entrada hacia la casa, pero no dimos ni dos pasos antes de que Claude abriera la boca.

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