—¿Cuando tengamos hijos? —terminé la frase por él.
—Ah, sí.
—Entonces, ¿cómo funciona si hay media docena de herederos? ¿Siempre es el mayor, o tienen que competir o algo así? ¿Qué pasa si la mayor es una niña?
—¡Oye! Frena un poco. Todavía estoy en la línea de partida con todo esto —se rio de mí mientras me apretaba la rodilla de nuevo—. Ya me tienes con un pie en la tumba y con los niños tomando el control.
—Ya te lo había dicho, nunca le presté atención a este tipo de cosas, pero ahora es importante.
—¿Ya terminaste de comer? —interrumpió mis pensamientos.
—¿Eh? ¿Por qué? —parpadeé ante el brusco cambio de tema.
—Baila conmigo.
—Eh, me dio la impresión de que bailar no es lo tuyo.
—No lo es, pero contigo hago muchas excepciones a mi comportamiento habitual. Además, la última vez que bailé contigo estaba demasiado ocupado intentando no tocarte con ese vestido espectacular. Creo que nunca en mi vida he estado tan estresado.
Me reí de él.
—Pensé que estabas enojado porque te habías quedado atrapado conmigo, ya que todos los demás se habían emparejado. Me sostuviste como si estuviéramos en un baile de secundaria y tuviéramos que estar a un metro de distancia.
—Para nada. Solo estaba haciendo todo lo posible para no asustarte con mi reacción física por lo increíble que te veías. Digo, Danny casi pierde el brazo por tenerlo apoyado en el respaldo de tu silla cuando entré —Se puso de pie frente a mí y me tendió la mano. La tomé y lo seguí sin decir una palabra más.
Me atrajo hacia él, puso una de mis manos sobre su corazón y colocó la otra con firmeza en mi espalda, obligando a que la parte frontal de nuestros cuerpos se conectara en cada punto posible. Apoyé el mentón en su pecho y miré hacia arriba, intentando ignorar las miradas que estábamos recibiendo.
—Nunca bailas, ¿verdad?

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