—¿Cuando tengamos hijos? —terminé la frase por él.
—Ah, sí.
—Entonces, ¿cómo funciona si hay media docena de herederos? ¿Siempre es el mayor, o tienen que competir o algo así? ¿Qué pasa si la mayor es una niña?
—¡Oye! Frena un poco. Todavía estoy en la línea de partida con todo esto —se rio de mí mientras me apretaba la rodilla de nuevo—. Ya me tienes con un pie en la tumba y con los niños tomando el control.
—Ya te lo había dicho, nunca le presté atención a este tipo de cosas, pero ahora es importante.
—¿Ya terminaste de comer? —interrumpió mis pensamientos.
—¿Eh? ¿Por qué? —parpadeé ante el brusco cambio de tema.
—Baila conmigo.
—Eh, me dio la impresión de que bailar no es lo tuyo.
—No lo es, pero contigo hago muchas excepciones a mi comportamiento habitual. Además, la última vez que bailé contigo estaba demasiado ocupado intentando no tocarte con ese vestido espectacular. Creo que nunca en mi vida he estado tan estresado.
Me reí de él.
—Pensé que estabas enojado porque te habías quedado atrapado conmigo, ya que todos los demás se habían emparejado. Me sostuviste como si estuviéramos en un baile de secundaria y tuviéramos que estar a un metro de distancia.
—Para nada. Solo estaba haciendo todo lo posible para no asustarte con mi reacción física por lo increíble que te veías. Digo, Danny casi pierde el brazo por tenerlo apoyado en el respaldo de tu silla cuando entré —Se puso de pie frente a mí y me tendió la mano. La tomé y lo seguí sin decir una palabra más.
Me atrajo hacia él, puso una de mis manos sobre su corazón y colocó la otra con firmeza en mi espalda, obligando a que la parte frontal de nuestros cuerpos se conectara en cada punto posible. Apoyé el mentón en su pecho y miré hacia arriba, intentando ignorar las miradas que estábamos recibiendo.
—Nunca bailas, ¿verdad?
—Eso estuvo cerca, jefe —murmuró Brian, pero luego debieron volver a usar el enlace mental, ya que no se escuchó nada más.
Los observé a los tres vigilar repetidamente nuestro entorno. Eran discretos. Si no hubiera estado a punto de arrancarme el cabello por la falta de algo mejor que hacer, jamás me habría dado cuenta.
—¿Puedo tener una versión resumida de lo que está pasando? ¿O debería empezar a adivinar? —Crucé los brazos como una niña haciendo un berrinche.
—Te lo explicaré más tarde —fue lo único que obtuve de Ryker, pero no sonaba alarmado, así que me relajé un poco. En ese momento solo me sentía frustrada por volver a estar a oscuras.
Tiré de su brazo para que se recostara en el asiento. Se vio confundido, pero le devolví el favor de no dar información y no dije nada mientras me acomodaba, encogiendo las piernas y usando su hombro como almohada. Él pasó su brazo sobre mi rodilla y eso fue lo último que recordé.
Parpadeé para espantar el sueño mientras sentía que me mecían suavemente. Respiré profundo y el aroma a romero y menta me golpeó como una dosis de cafeína.
—Hola, bella durmiente. Descansa, acabamos de llegar —susurró Ryker mientras me movía para salir de sus brazos.

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