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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 152

Ryker

—¿Por qué me pediste ver a mi lobo?

—No lo sé, solo tuve el impulso de verlo. Ryker, estás herido, ¿de verdad importa eso ahora mismo? —Intentaba apartarse de mí para ver mi hombro. Estaba casi completamente curado. Lo único que no desaparecía era la sangre derramada. Solo eso era lo que veía.

—Estoy bien, de verdad…

—¡Oh, Ryker…! Fue tan aterrador. ¡Qué alivio que estés bien! ¡Eres tan valiente por haberte enfrentado solo a esos rebeldes!

Amy se lanzó contra mi espalda, apartando a Kennedy de mí de un empujón. No sabía si no la había visto o si, lo más probable, simplemente no le importaba. Pero yo estaba desnudo y no tenía el menor humor para aguantar sus estupideces. La única que debería verme o tocarme así era Kennedy.

—¡Amy! ¡Fuera! ¡Ahora! —gruñí.

—Pero… solo quería asegurarme de que estuvieras bien. Nunca te molestó antes —me dijo con voz melosa—. Sé cómo consolarte.

—Amy —tomé a Kennedy, que parecía a punto de llorar de rabia, la jalé hacia mi pecho, apoyé su mejilla sobre mi corazón y me di la vuelta usándola para cubrirme las partes—. Kennedy y yo estamos bien. El ataque no fue tan grave. Tu Luna es muy inteligente y pudimos controlar la situación rápidamente juntos. —Miré a Kennedy y la expresión en sus ojos me llevó a besar sus labios—. Estamos bien —susurré contra su boca; luego, sin levantar la vista, despedí a Amy. No podía dejar ninguna duda sobre dónde y en quién tenía puesta mi atención—. Gracias por tu preocupación. Kennedy y yo necesitamos hacer el reporte con el equipo.

Sin echarle ni una mirada a Amy, nos di la vuelta y me alejé, haciendo todo lo posible por usar a Kennedy como escudo. Saber que Amy seguía allí parada mirándome me incomodaba. Nunca había sido un problema: los que nos transformamos solemos estar desnudos entre nosotros con frecuencia; era parte del trabajo.

—Todas buenas preguntas a las que todavía no tengo respuesta. Pero debo decir que me encanta tu lado respondón —Me coloqué detrás de ella, sin tocarla todavía, pero lo suficientemente cerca para sentir el calor que irradiaba su espalda.

—No te gusta lo suficiente. No como para hacer algo al respecto de todos modos.

Cambió el ambiente y el tema al mismo tiempo, arqueándose hacia mí. Solté un gemido involuntario mientras la sujetaba de los bíceps con ambas manos. No para apartarla, sino para evitar que hiciera algo más. No podía empezar nada en ese momento. Estaba en peligro y tenía que resolver ese problema primero.

Me incliné hacia ella, rozando los labios contra el borde de su oreja.

—Me gusta muchísimo. Llegaremos ahí pronto. Ya te dije que me interesa mucho practicar para tener cachorros contigo. Solo quiero tomarme mi tiempo, y eso es algo que nunca parece sobrar. Yo…

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