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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 164

Ryker

Fui cobrando conciencia de un roce suave que recorría mi cara. Sin embargo, no abrí los ojos. Me encantaba en esa sensación.

—Qué rico, Corderito, pero ayer fue horrible. Dame otra hora.

Una risita interrumpió mis pensamientos de golpe. Volteé la cabeza y vi a Emily, con los ojos bien abiertos y brillantes, mirándome desde su cama en medio del cuarto.

—¿Por qué le dices corderito? ¡Ella no es un corderito, Alfa tonto! —Se tapó la boca y volvió a reír.

Pude ver el deleite en los ojos de su madre y de Kennedy. Las tres querían una respuesta, una respuesta honesta.

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—Bueno, mi pequeña ninja —dije, y ella rio ante su propio apodo—. Tu Luna intentó escaparse de mí una vez. Ocultó su olor, igual que tú lo hiciste. Era muy hábil. Tuve que llamar a mi lobo para encontrarla, y ella nunca lo había visto antes.

—¡Dios mío! ¡Tu lobo es tan grande! ¿Tuviste miedo, Luna? —Volvió sus enormes ojos hacia Kennedy.

—Un poco al principio, porque no sabía quién me perseguía. Pero cuando me di cuenta de que era el Alfa, ya no tuve miedo.

—¡Guau! Eres muy valiente.

—De todas formas… —intervine antes de que el ego de Kennedy pudiera inflarse más. Ella sonreía como si supiera lo que estaba pensando—. Intentó llamarme el gran lobo malo, así que le dije que ella era un corderito a la que Alfa debía perseguir. Y así quedó. —Me encogí de hombros. Omití todas las insinuaciones que habíamos tenido en esa conversación.

—¿Pero no sería Caperucita Roja si tú eres el gran lobo malo? —Era adorable intentando seguir mi lógica.

—Técnicamente, sí. Pero son demasiadas palabras para decirlas de golpe, además ella temblaba como un corderito cuando la atrapé. Y “corderito” suena mejor. —Le guiñé un ojo y ella volvió a reír—. Ahora bien, ¿puedo suponer que, dado que ambas están bien despiertas y burlándose de mí, ya es momento de llevar a mi Luna a casa?

Una vez adentro, cerré la puerta y me dirigí a la silla detrás de mi escritorio. Me senté y la jalé para que se acomodara sobre mis piernas, de frente a mí.

—¿Cómo pudiste rastrearla? Necesito saberlo. Todos los lobos tuvieron tantas dificultades, y tú seguiste un rastro que solo tú podías ver.

—En realidad no es tan impresionante. Soy humana. No tengo todos los sentidos que tienen ustedes. Incluso antes de obtener su lobo interior, todos parecen tener los sentidos agudizados. Estar entrenando con Jeremiah, Ben, Tommy y Jason me obligó a adaptarme para poder seguirles el ritmo. Logré volverme más fuerte y rápida entrenando con más intensidad. Nuestro Delta es un gran rastreador y me enseñó igual que yo les enseño a los cachorros. El Beta y el Gamma se dieron cuenta y empezaron a darme misiones. —Rio, con la mirada perdiéndose, sumida en un recuerdo—. Solía volver locos a los chicos. De hecho, tenía una misión de rastreo el fin de semana en que Jer se fue a la reunión de Alfas. Estaba tan furiosa con él porque básicamente me dejó encerrada en la casa con los chicos. No me dejaban entrenar en el bosque con Jer y el tío James fuera. —Se frotó la cara—. Eso debe ser cosa de Alfas. Todos creen que son los únicos que pueden protegernos a nosotras, las delicadas hembras. —Me miró directo a los ojos y levantó una ceja.

—No. Es que incluso ellos saben que eres especial. Y lo eres, Kennedy. —Ella suspiró, pero no la dejé escabullirse del cumplido—. Lo eres. No porque seas mi compañera, no porque hayas sido elegida como Luna siendo humana. Tú. Eres. Especial. La forma en que la manada habla de ti es increíble. Te quieren. Te han querido desde el principio. Llegaste y decidiste no dejar que nadie te intimidara. Todo lo que haces es para el bien de la manada y de todos sus miembros. Y no buscas reconocimiento ni agradecimiento. Te hiciste amiga de todo el equipo de la casa de la manada. Al parecer, una loba joven llamada Cindy solo hace cambios si tú los apruebas primero. Mi madre ni siquiera me da la oportunidad de opinar. Nunca en mi vida me había sentido tan inútil. —Me reí de eso y ella sonrió.

Respiré profundo y le aparté un mechón detrás de la oreja antes de cubrirle la mejilla con la mano.

—No sé si te das cuenta de lo que me dijiste ayer, pero yo sí te amo, Kennedy. No tengo idea de cuándo pasó, pero pasó, y ya no hay manera de deshacerte de mí.

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