Ryker
Fui cobrando conciencia de un roce suave que recorría mi cara. Sin embargo, no abrí los ojos. Me encantaba en esa sensación.
—Qué rico, Corderito, pero ayer fue horrible. Dame otra hora.
Una risita interrumpió mis pensamientos de golpe. Volteé la cabeza y vi a Emily, con los ojos bien abiertos y brillantes, mirándome desde su cama en medio del cuarto.
—¿Por qué le dices corderito? ¡Ella no es un corderito, Alfa tonto! —Se tapó la boca y volvió a reír.
Pude ver el deleite en los ojos de su madre y de Kennedy. Las tres querían una respuesta, una respuesta honesta.
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—Bueno, mi pequeña ninja —dije, y ella rio ante su propio apodo—. Tu Luna intentó escaparse de mí una vez. Ocultó su olor, igual que tú lo hiciste. Era muy hábil. Tuve que llamar a mi lobo para encontrarla, y ella nunca lo había visto antes.
—¡Dios mío! ¡Tu lobo es tan grande! ¿Tuviste miedo, Luna? —Volvió sus enormes ojos hacia Kennedy.
—Un poco al principio, porque no sabía quién me perseguía. Pero cuando me di cuenta de que era el Alfa, ya no tuve miedo.
—¡Guau! Eres muy valiente.
—De todas formas… —intervine antes de que el ego de Kennedy pudiera inflarse más. Ella sonreía como si supiera lo que estaba pensando—. Intentó llamarme el gran lobo malo, así que le dije que ella era un corderito a la que Alfa debía perseguir. Y así quedó. —Me encogí de hombros. Omití todas las insinuaciones que habíamos tenido en esa conversación.
—¿Pero no sería Caperucita Roja si tú eres el gran lobo malo? —Era adorable intentando seguir mi lógica.
—Técnicamente, sí. Pero son demasiadas palabras para decirlas de golpe, además ella temblaba como un corderito cuando la atrapé. Y “corderito” suena mejor. —Le guiñé un ojo y ella volvió a reír—. Ahora bien, ¿puedo suponer que, dado que ambas están bien despiertas y burlándose de mí, ya es momento de llevar a mi Luna a casa?

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