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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 169

Ryker

Apoyé la frente en la de ella, respirando agitado. No tenía idea de qué me había pasado y todavía temblaba. Sin duda mi cuerpo había entendido lo que había que hacer, porque estaba bastante seguro de que mi alma había abandonado mi cuerpo.

—¿Ves? No hay nada que temer —susurró ella, jugando con el cabello en la nuca—. Eso fue increíble.

—Todavía hay mucho que temer, pero no quiero hablar de eso ahora. Quiero saborear esto contigo. Sigue siendo increíble —dije.

Todavía no me había separado de ella, deleitándome en las pequeñas contracciones que su cuerpo me daba mientras respirábamos juntos. La presioné contra la pared con casi todo mi peso y no tenía ninguna intención de moverme pronto.

—La bañera está a punto de desbordarse —dijo ella entre risas, y yo solté un quejido. Supuse que sí me iba a mover.

—Bien —murmuré mientras salía de ella lentamente, saboreando la sensación—. Mmm, definitivamente no hemos terminado esta noche —dije. Mi lobo estaba completamente de acuerdo en mantenerla atrapada en la habitación por tiempo indefinido.

—¡Para nada! Ahora que logré quebrarte, pienso amansarte. Pero primero necesitas el baño y tenemos que evitar destruir otro cuarto.

—Me importa muy poco cuántos cuartos destruyamos siempre y cuando el resultado sea así cada vez. ¿Cómo puedes estar tan tranquila ahora mismo? Tengo las piernas como gelatina, el cerebro lo tengo hecho papilla, pero el corazón todavía me galopa —dije.

Nunca me habían cuidado así, nunca había dejado que ninguna hembra me tocara tanto, y amé cada segundo de ello. Me alegré de haber esperado a nuestra compañera. Cuando mi cerebro volviera a funcionar a velocidad normal, tenía que decirle lo que eso significaba para mí.

Cuando empecé a sentir que los párpados se me ponían pesados, ella se movió y refunfuñé hasta que se sentó en mi regazo de frente a mí para frotar mi pecho. Me quedé quieto con los brazos apoyados en el borde de la bañera y la observé fascinado. Su concentración era adorable, pero también parecía perdida en sus propios pensamientos.

Me había dado cuenta de que a veces se ponía así cuando creía que nadie la observaba. Solo esperaba no haber hecho nada malo que la hubiera dejado callada. Quería preguntarle, pero tampoco quería romper la pequeña burbuja en la que estábamos. Con cautela, le deslicé las manos arriba y abajo por los costados mientras ella trabajaba, en parte porque era incapaz de no tocarla, pero también para recordarle que no estaba sola.

Estuvimos así tanto tiempo que el silencio casi me consumió. Cuando abrí la boca para preguntarle si estaba bien, ella se me adelantó.

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