—Oye, al menos ya sabemos qué traman. —Intenté bromear un poco para ver si reaccionaba.
Finn siguió con la mirada perdida en la distancia. Iba a ser una noche larga. Me acomodé en el borde del peñasco para poder ver a la multitud entrando y saliendo del refugio. Era obvio que estaban molestos con Janelle. Ella nunca había dado la impresión de ser alguien con cerebro. No tenía idea de cómo era posible que estuviera al mando de esa operación. Tal vez alguien más la manejaba desde las sombras, igual que Claude había hecho con Finn.
Él siempre trabajaba a través de uno o dos lobos más para que nunca pareciera que era él quien tiraba de los hilos. Era un plan astuto hasta que Finn encontró a Kennedy y ella obró lo que fuera que hiciera para ganarse su lealtad. Janelle también podría estar actuando, usando el papel de tonta e indefensa para que esos otros grandulones idiotas hicieran el trabajo pesado por ella
Cuando pareció que los únicos despiertos eran los que estaban de guardia, retrocedí hasta mi mochila y tomé dos botellas de agua. Me senté junto a Finn y le ofrecí una.
—¿Quieres hablar de eso?
—Al menos sé que todos creen que morí en la pelea. No es que piense que vendrían a buscarme si supieran que sobreviví y fui capturado. Solo soy basura rebelde que no vale la pena salvar. —Su voz carecía de emoción.
—Al menos eso significa que puedes empezar de cero en Luna Oscura sin tener que estarte cuidando la espalda. Y no eres basura rebelde. Vienes de una manada, igual que la mayoría de ellos.
—Me criaron como rebelde. Apenas recuerdo lo que era pertenecer a una manada. Los rebeldes no somos tan buenos como los lobos nacidos en una manada. Digo, todavía estoy haciendo maromas para probarte mi valor, ¿no? —Se puso de pie y caminó hacia la cornisa.
—Finn. —Levantó la mano para detenerme.
—Duerme un poco. Están planeando algo, pero no será esta noche.
Tres días más de reconocimiento. El segundo día me harté del silencio hosco de Finn y lo mandé de vuelta a la cabaña a buscar más comida y a ducharse, a lo que me llamó princesa. No entendía su aversión a las comodidades básicas que teníamos a la mano.
Las teníamos, ¿por qué no usarlas? No era como si estuviéramos ocupados en ese momento. El dato más relevante que anotamos fue que Janelle y Justin, su compañero, nunca salían del refugio. Tenía que haber otra salida. Finn no creía que Justin aguantara estar encerrado.
—Hubo mucho movimiento en los últimos veinte minutos —dije por encima del hombro hacia Finn, que venía de regreso.
—Toma. —Me plantó una bolsa en la cara
Había estado en muchas misiones largas donde comíamos lo que nuestros lobos cazaban y barras de proteína, pero a veces una simplemente necesitaba un cambio. Abrí la bolsa de papel y encontré una manzana, cecina y un paquete de poptarts, mi debilidad. Rasgué el empaque de aquella delicia llena de carbohidratos y gemí cuando el azúcar me estalló en la lengua.
—Bueno, si eso es todo lo que hace falta...

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