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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 257

Jamás le diría esto en voz alta a Greta, pero tenía razón al volver a la cabaña y desahogarme lejos de quienes yo creía que al menos me cubrirían las espaldas. Necesitaba poner la cabeza en orden para poder lidiar con el problema. Los dejamos entrar a nuestro pequeño y tranquilo grupo de errantes y nos pusieron el mundo de cabeza. Creo que eso fue lo que más me enfureció.

En realidad no me importaba si les caía bien o si venían por mí, pero Amy y Janelle llegaron a nuestro grupo y encontraron a Justin y a mí casi enseguida. Ninguna de las dos quiso ser marcada enseguida. No sé cuáles fueron las excusas de Janelle, pero las de Amy siempre giraban en torno al poder. Era el premio al final de sus grandes planes. Postergaba la marca cada vez que yo lograba lo que ella quería. Siempre había otra tarea por completar.

Tampoco le diré jamás a Greta que fue en ella en quien pensé mientras dejaba que el cuerpo liberara toda la tensión acumulada. Hizo falta muy poca imaginación y un tiempo vergonzosamente corto, pero funcionó. Mi lobo tiene razón y necesito encontrar a alguien en Luna Oscura que se encargue de esto con regularidad. Llevo demasiado tiempo en celibato.

—¡Finn! —susurró Greta simulando gritos—. ¿A dónde vamos?

Casi olvidaba que me estaba siguiendo.

—Te dije que tenías razón. Encontré el final del túnel de camino de vuelta —le dije, echando un vistazo por encima del hombro mientras descendíamos por la ladera trasera de la colina—. Una vez que me imaginé quién estaba aquí, empecé a buscar los olores de quienes recordaba cercanos a Justin y Janelle. Al igual que con ellos, asumí que algunos habían muerto en la pelea contra Luna Oscura. No me detuve a pensar que tal vez algunos huyeron para salvar su propio pellejo en lugar de proteger al grupo que les dio refugio durante años.

No quería sonar amargado, pero lo estaba. La mayor parte de nuestro grupo de errantes era bastante leal, pero no era la misma conexión que estar en una manada. Al final del día, la mayoría hacían lo que más les convenía primero. No había tenido a nadie así desde Nan.

—¡¿Encontraste a alguien?! —El tono emocionado de Greta no debería hacerme sentir orgulloso.\nHabía decidido dejar atrás esa manía de querer complacer a todos después de Amy. Para Greta no era más que un instrumento.

—Sí, señora. —La escuché refunfuñar y no pude evitar una sonrisa. Bordeamos la enorme colina ondulante hacia el norte durante casi una hora. El clima era frío, pero no tan malo como Rory había pensado en un principio. Llevé algo de ropa abrigada para los dos por si nos tocaba nieve—. Ahí. —Señalé cuando por fin pudimos ver otro claro más cerca de la bifurcación del río, entre la manada de Rory y quienquiera que estuviera al oeste.

Sabía que era otra manada de la alianza de Ryker, pero todavía no me las había memorizado todas. Era una locura la cantidad de gente de la que él y Kennedy eran responsables. Y yo que pensaba que nuestro pequeño grupo, que oscilaba entre cincuenta y setenta en cualquier día dado, ya era mucho.

—No veo nada —gruñó Greta detrás de mí. Tenía esa mala costumbre de asomarse por encima del hombro y respirarme en la oreja. Al cuerpo le encantaba, al cerebro le irritaba que no hiciera falta nada para provocar la reacción.

—Es más fácil de ver de cerca. Vine desde la cabaña por este camino para no dejar un rastro con el que alguien pudiera encontrarse, y me crucé con Billy volviendo a una cueva allá abajo. Cuando fui a investigar, capté todos sus olores. Cada uno reciente, lo que significa que se habían movido por ahí desde que los escuchamos hablando la otra noche.

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