Le agradecí a la Omega cuando puso el plato, que lucía delicioso, frente a mí y le di dos mordidas grandes antes de responder. Todos los demás habían empezado antes que nosotros, así que no me sentía mal por ponerme al corriente, ni por parecer una salvaje mientras lo hacía. Evité mirar al Beta, pero me dirigí a Jeremiah.
—No me atrevería a irme sin ti, ya que nuestros padres querían tanto que trabajáramos juntos —dije con un tono cantarín de princesa de cuento—. Pero no me gusta dejar cosas sin resolver y, sí, consideré volver al lugar para ver si podía entender mejor la situación sin todos corriendo de un lado a otro como distracción.
—¿Ibas a salir sola, con un asesino suelto, que muy probablemente va detrás de ti? Pensé que se suponía que eras inteligente. —A la primera oportunidad que tuviera, le iba a romper los dientes a ese Beta de un puñetazo.
—Para tu información, no, no voy a ningún lado sola, especialmente en este momento. —Señalé a Jax y Dev—. La única vez que mis guerreros no me siguen como sombra es cuando estoy en mi habitación.
—¡Gracias a la Diosa por eso! —exclamó Jax.
Lo ignoré, pero vi las distintas caras que pusieron todos.
—Y solo lo consideré. Porque, como Alfa, tengo que considerar todas las posibilidades sin importar lo ridículas o peligrosas que sean.
Rayna se metió en la conversación cuando Ben abría la boca.
—Dijiste “guerreros”, ¿no tienes un Beta que te proteja?
—No por el momento. El Beta de mi padre nunca tuvo descendencia, así que no hay un linaje con el que trabajar. Algo que estoy segura de que mis enemigos van a explotar en cuanto se enteren, si es que no es ya del dominio público.
—Bueno, deberían ponerse en marcha. Los reportes de patrulla volvieron sin actividad en las últimas horas, debería ser seguro ir a investigar. —Mi padre se limpió la cara y arrojó la servilleta sobre la mesa. Bien, supongo que había terminado de comer.
Me puse de pie. Jax y Dev hicieron lo mismo, al igual que todos en el equipo de Jeremiah, incluida su Luna. No iba a detenerla si quería acompañarnos, pero me sorprendía que él la dejara venir cuando podía ser peligroso.
“Tú y tu compañero van los dos, ¿por qué ellos no?” Mi loba rara vez se ponía respondona conmigo. Por lo general éramos ella y yo contra el mundo.

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