—¡Ben! —grité mientras me lanzaba a su lado de la camioneta. Estaba consciente, pero desorientado—. ¡Marcadores de sombra! Los demás quédense en las camionetas hasta que los encontremos. Que alguien les avise a las brujas. Pueden ayudarnos a buscar.
Los ojos de Ben intentaban enfocarme, pero sus pupilas se dilataban y se contraían sin parar. Le sostuve el rostro pegado al mío para ser lo único que viera cuando pudiera reenfocar la vista.
—¡Oye! —Mi voz fue cortante. Sabía que tenía alucinaciones por los efectos de los marcadores. Quería que sintiera el cosquilleo del vínculo de pareja en la piel para que supiera que lo estaba tocando, sin importar lo que Eliza lo estuviera obligando a ver—. Vuelve conmigo. Te necesito en esto.
Su cuerpo tembloroso me tenía preocupada. Podían estar pasándole tantas cosas en la mente. Levanté la mirada y vi a Brianna con Jax. Asumí que Marietta estaba con Dev del otro lado.
Mientras mis amigos fueran atendidos, podía concentrarme en Ben. Eliza había traído la pelea a nosotros para mantenernos lejos de la Fisura. No podía entrar, o la magia se le estaba resistiendo. Eso me hizo sonreír con rencor.
—¡Benjamin Simons, despierta de una maldita vez! Eliza está en desventaja, la magia la está combatiendo. Con todas las idioteces que nos ha hecho pasar este último año, no vas a caer ahora. —Lo sacudí un poco; necesitaba que parpadeara o reaccionara o algo.
—¡Por allá! —Escuché gritar a alguien, pero no pude desviar mi atención de mi compañero.
El compañero que no quise, que pensé que no necesitaba. El que todos en mi manada creían que tomaría las riendas en mi lugar cuando lo encontrara. Ben no había sido nada de eso. Era tan terco como yo, pero eso era casi un requisito para tolerarme.
Me había mostrado cómo trabajar juntos para mejorar la manada y protegerla. Nunca había intentado quitarme ningún control. De hecho, parecía preferir delegar las decisiones en mí. Le gustaba su rol de Beta y era bueno en él. Era bueno para hacerme ver otros puntos de vista, para calmarme cuando mi temperamento solo quería estallar.
También sabía cómo y cuándo necesitaba que me dominara. Me hacía sentir segura al ceder el control. Ese pensamiento me sacudió el cuerpo entero. No era el mejor momento, pero ¿qué podía hacer?

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