Si quería culpar a mi manada, entonces que viniera aquí y lo hiciera, que no se escondiera detrás de magia prestada. El suelo a mi alrededor retumbó y un calor me subió derritiéndose por las piernas.
Tuve el impulso de fijarme en Ben, Jax y Dev, pero no podía dividir mi atención. No sabía de qué era capaz ella. Lo que sí sabía era que necesitaba capturarla y no matarla, de ser posible. Seguro Brianna y Marietta tenían preguntas. Y no sabía si había dejado algún hechizo o lo que fuera que no pudiera romperse si moría. Eso era algo que yo haría en su lugar, solo por ser una desgraciada.
Entonces lo entendí: magia prestada. Mi loba lo había dicho. Probablemente había puesto el empeño para robar magia, pero no para usarla bien. Marietta me había dicho que era impulsiva y que no se tomaba su tiempo al aprender.
Una actitud caliente egocéntrica era algo con lo que yo podía trabajar. Eso básicamente describía a todo lobo de rango que había conocido en mi vida. Sentí el temblor de nuevo. Era como si la Fisura estuviera de acuerdo con mis pensamientos.
La magia debería ponerme más nerviosa de lo que lo hacía. Pero eso debía de ser mi mamá. Supongo que saber que eres diferente y que te lo confirmen marca toda la diferencia. Aunque fuera la voz imaginada de mi madre dentro de mi cabeza.
Esta vez no le di la oportunidad de tomar impulso. Me lancé contra ella con toda mi velocidad y fuerza y la derribé al suelo. Si no podía usar las manos, quizá no podría pegarnos con nada.
Caímos rodando al suelo. Soltó una palabra entrecortada, pero le di un codazo en el mentón antes de que pudiera decir más. Esperaba que tuviera que hablar para conjurar. Rodó encima de mí y me escupió sangre en la cara. Esta perra era fuerte, pero torpe en sus movimientos.
—¡Vas a morir, y la Fisura será mía! —Sus ojos estaban desorbitados. Me arañaba en cualquier parte que pudiera. Apenas lograba impedir que me sacara los ojos.

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