—No —gruñí mientras le sujetaba la muñeca.
—Quita. Tu. Mano. De. Encima. Ahora —me dijo, sosteniéndome la mirada. Me estaba desafiando y casi podía sentir que la mano me quemaba en el lugar donde tocaba su piel.
—No.
—¿No?
—No. Hay muchos preocupados por ti después de tu numerito de desaparecer. Tenemos que regresar a casa de la manada para hablar de tu mudanza a Luna Oscura.
“Es un peligro para ella misma y para los demás, ya no tiene otra opción. No cuando su reacción ante los problemas es salir corriendo”.
—Yo no me voy a mudar a ningún lado contigo. ¿Estás loco? No quieres una compañera, eso me quedó claro y se confirma con todos los rumores que corren en tu manada. —Trataba de no hacer una mueca; no era un secreto lo que yo pensaba sobre el vínculo de compañeros—. Y por supuesto que no voy a cambiar mis planes de vida solo porque tu Diosa decidió que necesitabas a alguien que no te aguante tus estupideces.
“Eso hizo que mi lobo se burlara de mí, hasta que le recordé que él también la persiguió. Esta vez ella está enojada con los dos”.
Inhalé profundamente para tratar de hablar con calma. No íbamos a llegar a nada así; además, me estaba dando cuenta de que estar tan cerca de ella, el simple contacto con su muñeca y el hecho de estar discutiendo, estaba afectando mi cuerpo de forma obvia. Solo esperaba que ella no me quitara la mirada de la cara para que no notara nada antes de que llegaran Josh y Danny.
—Josh y Danny vienen por ti. Bennet se llevó al rebelde que te estaba siguiendo para que Jeremiah se encargue de él. Regresa a la casa de la manada para que podamos hablar. Tu tía y Rayna no se merecen que las preocupes así.
Se quedó sin aliento y sentí que su brazo se relajaba. Pensé que por fin estaba entrando en razón, pero se soltó de mi mano de un jalón, me lanzó una mirada y empezó a caminar de regreso por el sendero hacia su casa. Se movió tan rápido que a mi cerebro le tomó un segundo reaccionar y entender que se estaba alejando de mí.
—¿Qué estás haciendo? —le grité mientras trotaba para alcanzarla. Me mantuve a su paso detrás de ella, con mi erección todavía molestándome y haciendo que caminar fuera bastante incómodo.

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