Ryker
Por fin la vi corriendo como si la vida se le fuera en ello; eso significaba que ella también había escuchado el gruñido y había dejado de intentar esconderse para alcanzar un lugar seguro. Al menos no tenía tantas ganas de morir, solo le gustaba estar siempre en el límite del peligro.
—Ya la vi. ¿Tienes al lobo?
—Sí, es solo un rebelde que salió a correr. La vio y pensó que sería una cena fácil, pero no se resistió cuando le aclaré las cosas. ¿Qué quieres que haga?
—Llévaselo a Jeremiah. Debe saber que hay un rebelde merodeando tan cerca de su territorio. Que él decida. Yo voy por Kennedy.
—Te veo en la casa de la manada.
—Estamos en la orilla del bosque que colinda con la ciudad vecina, a unos ocho kilómetros. Kennedy está asustada y lleva rato corriendo. Un rebelde la perseguía. Bennet se está encargando de él, pero no creo que ella pueda o deba caminar de regreso. Ven por nosotros.
—¿El rebelde la atrapó? —preguntó Danny, entrando en plan protector—. ¿Cómo se nos pasó ese rebelde en la ronda de esta mañana?
—No creo que la haya atrapado. Se fue por su cuenta y terminó cruzándose en su camino.
—¿Se estaba escapando? —Danny sonaba dolido por la idea.
Por aquel motivo las Lunas daban tantos problemas. No solo afectaban a sus Alfas cuando algo les pasaba; ella era el corazón de la manada, el pegamento que mantenía a todos unidos. Por lo visto, la mía ya tenía a varios de mi manada a sus pies. Eso hacía que mi lobo se sintiera orgulloso y yo, frustrado.
—No sé qué estaba pensando. Ya la estoy alcanzando, pero dudo que me diga mucho esta noche, aunque tenga la oportunidad de preguntarle.
—Bueno, hagas lo que hagas, no seas el mismo de siempre ni la hagas enojar para que le den más ganas de irse. La necesitamos, tú la necesitas. No seas idiota.
—Yo no vi a ningún rebelde. No suelen estar en esta parte del bosque. Está demasiado cerca de la ciudad y de la manada como para que se sientan cómodos. —Se puso las manos en la cadera. ¿Me estaba desafiando?
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—¿A dónde ibas, corderito? No estabas huyendo de mí, ¿verdad? No es seguro estar aquí afuera de noche para...
—¿Para quién? ¿Para una pobre humana débil como yo? ¡Vete al diablo, idiota! Camino por aquí siempre y nunca he tenido problemas, hasta este momento.
—Siempre deberías estar consciente de los peligros que te rodean. No puedes permitir que un extraño te agarre desprevenida en el bosque.
—¿Acabas de hacerme una referencia a Caperucita Roja? ¿Qué, ahora te crees el lobo feroz? Déjame en paz. Ya dejaste claro que no quieres tener nada que ver conmigo. No vayas a cambiar de opinión ahora. Es obvio que ambos tenemos planes de vida en los que el otro no está incluido. —Kennedy hizo el intento de pasarme de largo.

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