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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 78

No podía evitar sonreír cuando no me estaba viendo.

—Pórtate bien, ¿entendido?

—¿De qué hablas? De hecho, ella pidió que viniera. Voy ganando.

—No presumas, solo te quiere aquí porque tú no puedes hablarle.

—Eso no significa que no pueda comunicarme. —Su risa resonó en mi cabeza mientras nos transformábamos.

Él soltó un resoplido para avisarle que habíamos terminado y que ya podía abrir los ojos. Ella parpadeó un par de veces, observando la forma de mi lobo.

—¡Estás enorme! —dijo ella, impresionada a pesar de sí misma—. Eso pensé también en el bosque, pero estaban pasando muchas cosas. No estaba segura de si mi imaginación lo estaba inventando.

—¿Ves? Le caigo mejor yo. ¡A ti te dijo pequeño y a mí enorme! —se jactó él.

—Ya veremos cuánto dura. Estás más obsesionado con ella que yo. —Él dio un paso cauteloso hacia adelante.

—Aprende del maestro. —Siguió avanzando despacio, paso a paso.

Ella no se inmutó ante el tamaño de mi lobo ni por sus ojos rojo intenso. Esos ojos que les provocaban miedo a los guerreros más rudos, y aquella pequeña humana solo se quedó mirando, curiosa. No olía nervios ni sentía ninguna inquietud.

—¿Están los dos ahí adentro? O sea, ¿me pueden escuchar todo el tiempo?

Mi lobo tomó aquello como una invitación para acurrucarse en la alfombra, frente a ella. Cuando iba a regañarlo otra vez, un cosquilleo recorrió todo nuestro cuerpo y mi tensión se desvaneció. Sus dedos pasaron ligeramente por el pelaje de nuestro lomo y nos estremecimos ante el contacto. El consuelo y la calma fueron inmediatos.

—Buenas noches, Alfa. —Bostezó ella—. Supongo que tú también, Ryker —murmuró adormilada y mi mente se quedó en blanco.

—¿Ves? Nos necesita.

No dormimos ni nos movimos en toda la noche. Mi lobo tenía mucho miedo de molestarla y ambos estábamos hipnotizados por la electricidad que venía de su toque. No se parecía a nada que hubiéramos sentido antes.

Si así se sentía cada vez que me tocaba, vi que aquello se volvería una adicción. Con razón los compañeros no podían quitarse las manos de encima. Tendría que estar atento a cuánto contacto físico teníamos. Aquello podría ser un problema.

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