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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 90

Kennedy

Debía de estar loca o de plano ya estaba perdiendo la cabeza. Después de haber dejado a Ryker y a Bennet parados como un par de idiotas afuera de la oficina, corrí a mi cuarto para cambiarme.

Mi intención era salir al bosque a correr como tanto quería, pero mientras me ponía otra ropa, decidí que aquello era demasiado predecible. Si iba a estar atrapada allí por un tiempo indefinido con un tirano al que solo le gustaba que se hiciera su voluntad, iba a ser lo más impredecible posible.

Me hice una cola de caballo y abrí un poquito la puerta para asegurarme de que nadie me estuviera espiando en el pasillo todavía. Cuando vi que el camino estaba despejado, salí y empecé a caminar rápido por un lado del corredor, tocando todo lo que podía para dejar mi olor marcado. Al pasar la escalera principal, regresé y repetí el camino un par de veces para que no pudieran saber hacia qué dirección me dirigía.

Luego fui hacia las escaleras secretas de Ryker. Tenía tiempo sin usarlas; su loción casi no se sentía mientras bajaba hacia la cocina. Una vez allí, me encargué de tocar tantas cosas como pude mientras le pedía a una Omega que me enseñara el gimnasio del sótano. A esas alturas, lo que ellos esperaban era que los desafiara y me escapara.

Se llevarían una sorpresa muy desagradable si creían que podían encerrarme en la casa y que me iba a portar como una subordinada obediente. Si mi único entretenimiento iba a ser causarles dolores de cabeza constantes, al menos iba a disfrutarlo y a ser lo más difícil de leer que pudiera.

Cuando llegamos, me quedé impresionada. Ryker no estaba bromeando; era un espacio impresionante con una gran cantidad de equipo. Evité las caminadoras por puro coraje, pero aproveché todo lo demás.

Mark me había enseñado los bosques por los que solía caminar para ir al estudio de mi mamá. Él me decía dónde terminaba el territorio y qué hacer si me encontraba con alguien que no fuera de la manada. Quería esa misma libertad allí. Aquel lugar era tan grande y hermoso. No podía ser peligroso que yo anduviera por todos lados, ¿o sí? Digo, él había fusionado como seis manadas o algo así de loco.

Iba a agarrar una manzana y una botella de agua, pero cuando abrí el refrigerador encontré un plato con mi nombre. La Omega que me había llevado al gimnasio debía de haberlo dejado allí para mí. Sonreí.

Al menos no todos allí estaban molestos por mi presencia. Me comí el pollo con verduras rápido, lavé mi plato y subí por las escaleras traseras, lista para un baño y para dormir.

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