Ryker
Esa semana fue un infierno. Bueno, en realidad habían sido varias, pero esa había sido la peor de todas. Kennedy no salía de mi cabeza; estaba en mis pensamientos todo el tiempo.
Había estado excitado desde que entró furiosa a mi oficina exigiendo dirigir nuestro primer día allí. Ni siquiera pude estar con las hembras que lo intentaron, y vaya que se esforzaron. Creía que nunca en mi vida había tenido tanta energía acumulada.
Mi lobo y yo tuvimos una pelea enorme la primera vez que dejé que una hembra me diera placer desde que traje a Kennedy a casa.
Estaba tan enojado que, mientras ella se esforzaba ahí abajo y yo me imaginaba el cabello rubio y sedoso de mi compañera sobre mí, él empezó a ponerme imágenes en la cabeza de ancianos, lobos decrépitos y hasta de mi madre, solo para arruinar el momento.
Después se estuvo riendo por horas. Quité a la loba de encima y me salí, dejándola muy confundida y sentada a la mitad del piso mientras yo me iba con todo muerto ahí abajo.
Había estado en tres zonas diferentes aquellas últimas tres semanas trabajando en proyectos de construcción y mejora, marcando las fronteras y revisando rumores sobre amenazas.
En las tres áreas había lobas hermosas que no tenían compañero y que estaban dispuestas a servir a su Alfa. Cada vez que había intentado desahogarme, mi lobo lo bloqueaba.
Traté de llegar a un acuerdo, pero en ese entonces ni siquiera me dejaba encargarme yo mismo. Sea como fuera que se le dijera a estar de mal humor por falta de sexo, así me sentía mientras manejaba de regreso a la casa de la manada.
Había estado recibiendo reportes constantes de Danny, Robin y algunos otros guerreros de confianza sobre el comportamiento de Kennedy. Bennet también me informaba, pero sus reportes se habían vuelto tan superficiales que ya casi no servían de nada.
No creía que me estuviera mintiendo; creía que estaba omitiendo detalles personales que podrían ayudarme a conocerla mejor. Él no estaba contento porque no me la había llevado conmigo ni le había dicho que me iba.
Jadeaba, pero no supe si era por correr o por la adrenalina de haber perdido a Kennedy.
—¡¿Qué?! —Mi lobo rugió y pude sentir cómo los lobos de ellos se encogieron—. ¡¿Dónde está ahora?! ¡¿Cómo rayos pierdes a una humana en el bosque?!
—No voy a darte excusas, Alfa. Puedo sentirla, pero no la encuentro. Supongo que se está escondiendo, pero no tenemos forma de avisarle que es seguro sin gritar. No hemos terminado de revisar la zona, así que no podemos llamarla todavía, no es seguro. En el momento en que me transformo en humano, pierdo su rastro. Es buena ocultándose y no puedo arriesgarme. Te necesitamos.
Grant ya había detenido el auto a un lado del camino y ya estábamos afuera, quitándonos la ropa rápido mientras nos transformábamos. No tardamos mucho en llegar a su posición y no me sorprendió ver que no estaban lejos de la frontera de Don. Esa que Claude estaba tratando de quitarle.
En serio tenía que matarlo. A mi lobo no le tomó nada de tiempo detectar su olor. Llegamos a una zona de pinos donde el rastro se volvía confuso, así que me transformé. Dejé que Bennet siguiera rastreando su olor como lobo para que me guiara. Hizo un mejor trabajo que la noche que ella intentó escaparse de su manada. Me pregunté si pensaba que podía aprovechar aquella oportunidad para irse de Luna Oscura también. Ese pensamiento hizo que mi furia se encendiera de nuevo. Mi lobo no dejaría que se fuera por su propia voluntad.

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