Capítulo 313: ¿Qué me has hecho, mi vida?
En México, Patrik acariciaba el cuerpo desnudo de su mujer, aquella que era lo único que le daba algo de humanidad, ya que, siendo completamente honesto, de no ser por ella, la realidad sería que en el grupo Montemayor ya no habría casi nadie; pero debía aparentar ser un buen hombre, al menos a ojos de Adelina.
—Adelina Salas, ¿qué me has hecho, mi vida? — susurró el hombre bajito mientras se levantaba de la cama y la cubría con la sábana.
Patrik se puso algo de ropa y bajó a su estudio.
Comenzó a revisar los verdaderos estados de cuenta del grupo y, dentro de poco, muy poco tiempo, sabía que el abogado se presentaría para mostrar que ya no tendrían solvencia para seguir pagando sueldos, ni mucho menos para invertir en nuevos programas, lo cual los llevaría directamente a declararse públicamente en bancarrota.
La pregunta en el aire o en la mente de Lina era si Patrik estaba preocupado o si él tendría alguna repercusión. La respuesta la conocía Patrik a la perfección y era no; él no perdía nada, él para todos solo sería el que había hecho lo que nadie había tenido el valor de hacer.
Aquí lo único que le preocupaba un poco era el silencio de Efraín; en el plan, nadie, ninguno de los dos contempló una relación y, ahora, ambos tenían una. Él con Lina y Efraín había compartido un tiempo con Marina; para nada estaba planeado esto, ni mucho menos estaba planeado que Marina se embarazara.
Patrik tenía claro que, una vez declarada la bancarrota del grupo Montemayor, él no se quedaría en México a recibir los embates; eso se lo dejaría a Esteban y sus hermanos; sin embargo, algo que había dicho Lina le hizo pensar más de una vez las cosas.
Lina quería quedarse hasta que Marian diera a luz; él sabía que no podía darse ese lujo; si lo hacía, podía salir embarrado, algo del plan podría salir mal. Aquello en mente lo hacía desatinar un poco, puesto que sabía que Lina no querría alejarse de su hermana y eso, eso significaba un grave problema a futuro para la pareja.
—¡Dios, Efraín! ¿En qué puto momento se te ocurrió complicar tanto las cosas? ¿Dónde demonios te metiste? —pensó el hombre en voz alta.
Por más vueltas que le daba al asunto, simplemente no hallaba una respuesta a dónde podría estar su amigo. Patrik debía admitir que jamás imaginó que Marina tuviera el poder de mover la vida de Efraín de ese modo.
Aquello le recordó varias anécdotas que Efraín le había contado; Marina, a los ojos de su amigo, era una niña dulce, ingenua. Ella era la jovencita perfecta; él le había contado que de todas sus aventuras, Marina no sería eso; ella sería la mujer con la que se casaría o, al menos, eso era lo que en su momento quería.
Patrik no era ningún tonto, no era que no supiera qué era lo que iba a suceder; Efráin venía a México, pero no venía solo por venganza hacia su familia, no, él venía por ella. Lo que no estaba tan seguro era si había contemplado que Marina ya no venía sola, venía acompañada de dos hijas y nueve años de matrimonio.
—¿Patrik? —se escuchó la voz dudosa de Lina.
—¿Qué sucede? Pensé que estabas dormida... — dijo Patrik con voz pausada.
—Te extrañé en la cama y quise venir a verte. — dijo Lina sin acercarse.
Patrik no giró el asiento, solo le hizo señas con una mano; ella caminó hacia él y, tan pronto como estuvo cerca, él la jaló hacia su regazo.
—Me encanta tu perfume... —dijo Patrik enterrando la nariz en el cuello de su mujer.
Lina cerró los ojos al sentir cómo su nariz comenzó a rozar su cuello, al tiempo que las manos de este comenzaban a recorrer su cuerpo.
—Patrik... —dijo ella apenas en un susurro. — ¡Dios! Andas imparable...
Patrik enfocó sus enormes ojos azules en ella, sonrió y dijo:
—Adelina Salas, ¿necesitas un descanso?

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