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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 314

Capítulo 314: Ella ya no está...

Sebastian se encontraba sentado en su cómoda silla mientras disfrutaba de un buen trago de ron y admiraba la ciudad desde el ventanal de su estudio. En su estudio todo estaba a oscuras y se podía escuchar música de Barry White.

Hoy había sido un día algo atareado, pero, aun teniendo inquilinas en casa, había encontrado un momento para estar solo y disfrutar de su merecido trago de ron antes de ir a dormir.

—¿Sebastián? —escuchó Sebastián luego de oír que poco a poco se iba abriendo la puerta de su estudio.

—Adelante... ¿Qué sucede, cariño? —dijo Sebastian sin voltear la silla, pero colocando su trago en el escritorio.

—Solo quise venir a verte, luego de la cena no te vi más y... De nuevo quería agradecer todo lo que has hecho por mí y las niñas.

Marina había entrado a aquel estudio aún ajeno a ella; al hacerlo, notó que aquel lugar no era tan diferente a su oficina en Santa Fe. El hombre siempre poseía un estilo elegante y clásico, pero sobrio, tal como todo lo que él era.

—Vine a tomar un poco de ron, ya sabes, todas las noches me gusta tomar un trago y no quería que las niñas me vieran.

—¿Te viniste a esconder de ellas aquí? — preguntó Marina, algo apenada por irrumpir en la vida de aquel hombre.

—No, pero no me gusta que ellas vean mis vicios.

—¡Gracias por ello! La verdad es que creo que ni su padre en algún momento tomó esa consideración.

—Bueno... —dijo Sebastian levantándose de su silla. —Mi preciosa mujercita, esa es la diferencia entre un hombre y un niño, ¿no lo crees?

Marina solo miró al imponente hombre que se ponía frente a ella y posaba sus grandes manos en su evidente barriguita.

—Cariño...

—¿Qué... ¿Qué sucede? —dijo Marina algo nerviosa ante esa cercanía.

—¿Tú cómo te sientes? ¿Cómo has estado? Sé que han sido unos días algo agitados, sé que el padre de tus hijas no ha llamado, pero, dejando aquello de lado, ¿tú cómo te encuentras?

Marina sonrió cálidamente, puso sus manos sobre las de Sebastian y dijo:

—Bien, tranquila, todo esto es nuevo, pero, honestamente, me siento increíblemente bien.

Tu casa es muy acogedora y ver cómo mis niñas disfrutan de este lugar me hace sentir mucho mejor.

—Cuando la mandé a construir, me imaginé saliendo al jardín a tomar un trago, admirando las luces de la ciudad, me imaginaba recostado en el camastro frente a la alberca, pero... Casi nunca tengo tiempo de hacerlo; ver que las niñas lo disfrutan, creo que es satisfactorio.

—Sebastián, de verdad, aún no encuentro cómo voy a poder pagar todo lo que haces por mí у, sobre todo, aún no entiendo por qué haces lo que haces.

—¿Sabes qué es lo que sucede contigo?

—Dime...

—Lo que sucede es que sobrepiensas mucho las cosas. Hay cosas que sí deben analizarse, otras que deben vivirse y otro tanto, deben dejarse ir.

Si yo actúo como actúo, supongo que no es porque quiera luego cobrarte algún interés y lo he dejado claro, ¿o me equivoco?

—No, no, claro que no. No quise sonar así...

—¡Lo sé, cariño! ¡Lo sé! —dijo el hombre abrazándola, cuidando de no presionar su barriguita. —Estaré tranquilo en el momento en que estos dos pequeños retoños salgan al mundo y tú no estés tan vulnerable.

Marina pudo oler el aroma de Sebastian y eso en definitiva no era algo bueno, pues había ido descubriendo que aquello le provocaba cosas, muchas cosas que no debería provocarle.

—Oye, cariño, por cierto, he estado pensando en ti...

—¿Cómo?

—Sí, he estado pensando en que ya estás por entrar al sexto mes de embarazo; no puedes seguir trabajando como si no pasara nada, no te puedo seguir explotando como si no estuvieras cargando dos preciosos bebés en el vientre.

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