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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 309

Capítulo 309: Tú eres más importante que...

Marina miraba hacia la ventana en el justo momento en que Sebastián entró a la habitación, tal como siempre, de manera abrupta.

—¡Cariño! ¿Cómo estás? Me dijo Christina que ya pudieron estabilizarte.

—¡Dios, Sebastian! Debes estar molido...

¡Mírame! Dándote molestias, ¿cuándo será el bendito día que no te dé problemas? —dijo Marina con el tono de voz algo cansado.

—Marina Salas, desde el momento en que te conocí, sabía que eras un problema andante.

¡Anda! ¡Arriba esos ánimos! Si ya estás mejor, no veo por qué debes estar con esa cara larga.

dijo Sebastian caminando hacia ella.

—Sebastián, yo... ¡Estoy cansada! De verdad.

¡Estoy harta! ¡Esta maldita vida me tiene harta!

No sabes cuánto desearía poder agarrar a mis hijas y poderme ir lejos, bien lejos, para comenzar en un lugar donde nadie me conociera.

Sebastian muy al estilo que lo caracterizaba, sin pedir permiso, tomó asiento en la camilla y la rodeó con un brazo.

—Cariño, eso suena muy bonito y todo, pero ambos sabemos que todo eso solo es palabrería tuya. Tú y yo sabemos bien que, a la hora de hacerlo, no vas a tener el valor de alejar a tus hijas de su padre, aunque aquel idiota sea un...

Idiota, es su padre y, aunque no lo aceptes, también sigues esperando noticias de ese desgraciado que se largó.

—¡Claro que no! Yo, yo ya no espero a nadie, yo solo quiero paz y tranquilidad, ¿acaso es mucho pedir un embarazo tranquilo? Todo el maldito tiempo parece que debo cuidarme de cualquier frente. Un día es Esteban, otro es mi madre y Paulina, y al otro, bien puede ser alguna madre de las compañeras de mis hijas.

Todo el mundo me critica, todo el mundo me señala, nadie me conoce, nadie sabe cómo la estoy pasando. Yo... —dijo Marina, quebrándosele la voz. —Yo no deseaba esto, yo...

Sebastian abrazó con ambos brazos a aquella indefensa mujer y puso su barbilla sobre su cabeza. Marina sintió cómo el aroma de su inconfundible colonia la invadía y la calmaba.

—Cariño, yo sé que todo se ve negro, pero no puedes dejarte caer por las habladurías de la gente, te lo digo con los años de experiencia que tengo; de la gente no vas a comer, de la gente no vas a vivir, ¡jamás! Óyelo bien, Marina Salas Toledo, jamás dejes que un montón de mujeres u hombres sean quienes dicten si eres o no feliz.

Cariño, te escucho y noto que te sientes sola, ¿qué hay de los que sí entendemos tu situación?

¿Qué hay de los que estamos aquí contigo? ¡Eres una mujer fuerte! Solo es cuestión de que te lo creas, mi vida.

Sí, debo admitir que si veo tu situación, voy a decir que está de la fregada, pero es tu vida. No es la de alguien más, no dependes de que alguien acepte una decisión o no, de que alguien lo apruebe o no, no necesitas de una firma para que proceda, solo necesitas que tú tomes la iniciativa.

Cariño, eres libre, cometiste un error gravísimo en el pasado, eras joven, ingenua y hasta puedo decir tonta, por no usar otra palabra, tú sabes cuál, pero ¿Y?

No te veo dejando a tus hijas a la deriva; al contrario, aun con tu poca o ninguna experiencia, las has sacado adelante y eso ya dice mucho más de ti que del padre.

Ahora, estás embarazada y, bueno, se ve que siempre vendrán en partida doble. ¿Qué más da, corazón?, tienes trabajo, tienes salud, tienes un adorable jefe que te cuida, ¿qué más quieres?

Solo debes enfocarte en lo verdaderamente importante.

¿Sabes? Debes curar esa cabecita tuya, pues yo veo que te dicta órdenes que no sirven de nada. A veces, ya no sirve de mucho nadar contra corriente, ¿por qué no te dejas llevar? Mira, realmente te deberías mortificar el día que no tengas salud, casa, trabajo, comida que llevar a la mesa; ahí sí, preocúpate; antes de eso, cualquier problema ya se solucionará. ¿No lo crees? —dijo el hombre sin soltarla de aquel cálido abrazo.

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